Microcuento: “Sorprendido” Lucas Gattoni

Un texto brevísimo del autor que está tras la cuenta de tuiter y el blog @ConUnOjoSolo

“Pensó en una idea para un cuento nuevo, y cuando quiso escribirla vio sorprendido que su PC ya lo había hecho por él…”

Unos “CuenTUITos” de Lucas Gattoni

En La Telaraña nos gusta, sobre todo, aparte de compartir nuestros propios contenidos, acercaros cosas que no están muy a la vista de todos, por eso hemos publicado entrevistas a personas que no son lo que se podría decir “celebridades” o “personalidades” pero que, sin duda, celebramos haber encontrado en la red y en la vida real porque creemos que su trabajo está lleno de personalidad.

Es el caso del exproductor y escritor Santiago de Arriba, de la Fotógrafa Carolina Valtuille o del escritor Ismael Milán Cara, y es el caso, también en esta ocasión, de Lucas Gattoni, joven diseñador argentino, al que podeis seguir en Twitter buscándolo como @conunojosolo, que nos ha dado permiso para publicar algunos de sus pequeños textos denominados por él mismo “cuenTUITos” y nos ha respondido algunas preguntas.

El "microcuenTUITsta" Lucas Gattoni

¿Qué te impulsa a escribir?

…Todos somos un poco artistas… llevamos un impulso dentro nuestro, una fuerza que tiene que salir, que desea ser compartida.. En mi caso, he encontrado la micro literatura como vía de expresión a través de la cual me siento más cómodo.

¿Y qué te inspira?

Todo: historias ya vividas, proyectos, una mínima escena que pueda ver por la calle mientras voy caminando…

Buscando en su blog con un ojo solo podemos encontrar un texto que habla de la inspiración en el que reconoce un cuento brevísimo que aparece en el libro “Un tal Lucas” del gran Julio Cortázar como uno de los primeros textos que le hicieron pensar en que eso era lo que él quería hacer.

“Mirar con un solo ojo es como espiar a través de una cerradura… Ver sólo un fragmento de una escena por vez –una instantánea que por sí misma cuente una historia– y apelar al propio ingenio para construir el resto.
 Eso es, brevemente, enfrentar la vida con un solo ojo”

Apelando a la capacidad asociativa de ideas ¿Nos puedes hablar de alguna relación que encuentres entre la creación de un diseño y la de un “Cuentuito”?

“…Mis cuentuitos son retazos de historias que pretendo que cada lector imagine a su antojo. Mi acercamiento al diseño es muy similar, me gusta dejar espacios vacíos que el público objetivo de la pieza gráfica pueda llenar…

También tiene relación el formato reducido y la manera de escribirlos, rápido, a mitad de otra cosa… El mismo ritmo que llevo en el trabajo de diseñador en el que todo debe entregarse para ayer”

Tus Cuentuitos ¿Te salen de una vez o te rondan la cabeza por un tiempo? ¿Has escrito y reescrito más de una vez alguno de ellos?

Las ideas me vienen generalmente mientras camino por la calle. Trato de escribir el cuento entero en mi viejo Nokia 1100. Si tengo otras cosas en la cabeza simplemente escribo frases o palabras clave y luego frente a mi Pc les doy la forma final…

…Una vez que el cuento está subido al blog, excepto que encuentre una falta de ortografía, no lo toco más… Uno debe dejar “morir” tranquilas sus obras.

¿Tienes en mente escribir, o has escrito ya, algunos textos más extensos?

Durante mi adolescencia escribí varias canciones para un grupo de música que tenían amigos de la escuela… Una sola llegó a grabarse en realidad… el título “Más allá del cristal” Luego tuve una época de poemas de amor, bastante cursi a mi entender actual…

Participé hace muchos años en un concurso de cuentos cortos (Con una historia que luego se transformó en cuentuito y que así funciona mucho mejor) Y también escribí dos o tres guiones para sketchs graciosos. (Para fogones Scouts)

Con ninguna de estas expresiones me siento tan a gusto como con los microcuentos que comparto día a día desde mi blog y desde mi cuenta de Twitter


Algunos cuentuitos de Lucas Gattoni:

“Razón”
“Nunca pensé que mi tremendo secreto
 –ése que escondí por años– sería para él nada más que otra razón para seguirme amando.”


Suficiente

“Se despojó de las canciones melosas, los 
poemas cursis y las cartas con corazoncitos…
y lo que quedó fue suficiente.”

Nadie
“Había escrito el cuento más bello y lo olvidó… para tratar de recordarlo, pasó años
 creando historias que nadie leía.”

Ella
“Al arrancar el tren, sólo pudo sentir
 nostalgia… hasta que se dio cuenta
 que ella seguía sentada a su lado.”

Motor
“A través del sordo siseo del motor, 
escuchó un crujido… abrió la puerta y comprobó 
que sus sueños se habían trizado.”

Las fotos que acompañan esta entrada y los cuentuitos están bajo CopyRight de Lucas Gattoni, él da permiso para difundirlos siempre que se le cite como autor.

“Resurrección”, por Manu Sueiro

Aquella noche el agua golpeaba los cristales como si jamás antes hubiera llovido. Desde su despacho, el agente Frank Mason observaba nervioso a través de una pequeña ventana hacia el infinito de la noche. La oscuridad solo le permitía apreciar un semáforo situado dos manzanas más arriba, y su tintineo verde apenas se podía vislumbrar entre las copas de unos árboles que se movían agitados por el viento.

Mason no podía dejar de pensar en Lucy, en su cuerpo tendido en el suelo del salón tras aquella violenta pelea, en el maldito alcohol que se la había arrebatado. – La he perdido…-, dijo entre dientes. Sacó de su cartera una pequeña llave y abrió el cajón derecho de su mesilla. Guardó un revólver y unas cartas, que cambió por una botella de whisky Jameson y un vaso pringoso. Las dos primeras copas cayeron como agua, que acompañó con una violenta tos y un agónico lagrimeo.

Recordó la primera vez que la vio en aquél pub de Tennessee. -Ven Frank, te voy a presentar a Lucy-, dijo la voz de su compañero Charlie. En sus recuerdos todo iba a cámara lenta. Allí estaba, riendo con una amiga en la barra mientras se arreglaba su rubia melena. Se atrevió a pedirle un baile y no tardó en llegar el beso. Fue como un flechazo, y los siguientes meses parecieron sacados de una película romántica que pasaba fugaz por sus ojos.  

Mason dio el último trago de su tercera copa, cuando empezó a temblar. -Sus besos…-, sollozó el agente. Frank empezó a recordarlos todos, a sentir sus prietos y carnosos labios de fresa, su forma de acariciarle, el ladeo de su cara mientras un mechón le tapaba un ojo. Los detalles de aquellos recuerdos vertieron un mar de lágrimas sobre la vieja mesa de la oficina.

La cuarta copa le empezó a nublar la mente. -Dame una señal-, preguntó buscando aquél semáforo. -Me odio…-, balbuceó. Ocurrió deprisa. La oscuridad de aquella habitación le sumió en un pánico aterrador, en un bucle de miedo y culpabilidad que le rodeó de inmediato. No veía nada. Mason buscó a tientas el cajón. El corazón parecía a punto de salírsele del pecho. Antes de darse cuenta ya tenía la pistola en la boca. Apretó.

Despertó de repente. Un sudor helado le atravesó todo el cuerpo. -¿Frank, estás bien?- Se giró bruscamente y vio a Lucy. -Mañana dejo el alcohol-, le prometió a su mujer.

“Dueño del Universo Conocido” Ficción a partir de una noticia.

Nuestros colaborador habitual David Puntero nos deja en La Telaraña un texto que recrea ficticiamente esta noticia del diario La opinión de La Coruña.

“Dueño del Universo Conocido”

La cara del teniente de la Guardia Civil Serafín Romero Díaz, de pronto asemeja un caligrama de Apollinaire dedicado a las verbenas. Ante él se está desarrollando una de las escenas más extrañas que ha vivido nunca en cuartel. Se da cuenta que nadie sabe qué decir en la sala y toma aire.

-Entonces, a ver si yo he entendido bien, -Dice al final con temple de torero jubilado ya de la arena- ¿Usted viene aquí en calidad de “Dueño de todo el universo conocido” A denunciar a una ciudadana de Vigo porque ha levantado un acta notarial en la que se acredita como dueña del Sol?
-Sí, señor teniente, puede pedir las grabaciones a la televisión en la que han salido las imágenes en las que ella lo proclamaba. – Responde el denunciante mostrándose muy preocupado.

El teniente se lleva la mano a la frente. Los dos cabos que están con él en la sala están, uno, conteniendo la carcajada, y el otro, mirando con mucha curiosidad aquella escena entre su teniente y aquel hombrecito pequeño y redondito, que parece más un gnomo o un empleado de banca a punto de la jubilación, que un Dueño de Todo el Universo Conocido “Como Dios manda” y que ha venido a pedir que investiguen a otra mujer que ayer vio él mismo en la televisión mientras tomaba café con su compañero en un bar del pueblo, anunciando, en una de esas revistas televisivas de las tardes, que había levantado un acta notarial que daba fe de que ella era “Dueña del Sol”

“ Adquiero la propiedad del astro solar, conocido comúnmente con el nombre de “Sol”, y así mismo de su producción electromagnética y radiactiva, ya que no existe ni es conocido propietario desde hace 5.000 millones de años hasta la fecha”

El cabo se distrae recordándolo, y hasta le viene algo del olor del café que ya se tomó pero vuelve a su oído la voz del teniente.

-Y usted –Le pregunta al pobre hombre- ¿Tiene algún documento que acredite que es Dueño de Todo el Universo Conocido?
-¿Yo? -Le dice el hombre sorprendido por la pregunta- Yo nunca, jamás se me ha ocurrido hacer eso…- Respira hondo, se frota las manos que le sudan copiosamente- Mire… Yo no soy de esa gente. No necesito decir “Tengo esto” o “tengo lo otro”, yo delegué, al inicio de los tiempos, la gestión de todo a mis hijos que son mis abuelos también, pero, como usted verá yo y en mi nombre los desheredados de la Tierra y la Naturaleza entera, plantas y animales, nos vemos ahora perjudicados porque sospechamos que esta señora solo quiere lucrarse…
-Ya, pero verá, -Le dice el Teniente intentando poner el tono más humano posible en sus burocráticas palabras- si usted no me acredita que es Dueño de Todo el Universo Conocido…
-Y por conocer –le interrumpe el hombrecillo
-Ah. ¿Y por conocer también? Vaya –Dice sorprendido el Teniente, que empieza a sospechar que tal vez esto le lleve más tiempo del que sería necesario para que de parecerle divertido le pase a parecer una jodienda.
-Verá buen hombre… ¿Cuál es su nombre?
-Eulogio.
-Eulogio, muy bien… Verá – Respira hondo- Usted dice que es Dueño de Todo el Universo Conocido y por Conocer, pero yo para ponerle en calidad de tal necesito algún documento que así me lo certifique, ¿Por qué no va a buscar a ver si tiene algo que le valga y vuelve mañana?

Eulogio se le queda mirando con ojos tristes un instante, después baja la cabeza hacia la mesa y sus mirada se detiene, medio vacía, en las hojas que hay sobre esta. El Teniente Serafín Romero Díaz piensa aliviado que tal vez aquello no vaya a durar tanto como temió pero Eulogio vuelve a levantar la cabeza, le vuelve a mirar a los ojos y antes de que se den cuenta, los suyos, se han llenado de lágrimas y con la voz apagada y gesto de máscara trágica empieza a tratar de decirles que ellos no le entienden, pero no puede hacer sonar una sola palabra. Solo mueve la boca como si dijera “Usted no me entiende” Una y otra vez. Mirando a unos y otros. Así durante lo menos 3 minutos. Después se serena, le vuelve la voz y pasa un minuto en el que se va relajando mientras les dice que cómo va a creer él en el Derecho Romano de Propiedad si este permite a ciudadanas de Vigo proclamarse dueñas del sol en actas notariales.

-Miren, yo puedo tratar de demostrarles que conozco el aire y el agua en todos sus estados.No sé cómo pero a ustedes seguro que se les ocurre alguna manera. Además los primeros que pintaron estrellas en las cuevas, en la noche de los tiempos, fueron mis abuelos que a la vez eran mis hijos también. ¿Eso les valdrá como prueba?

En ese momento el Teniente Serafín Romero Díaz se da cuenta de que no habrá manera de deshacerse de aquel pobre hombre si no es siguiendo el protocolo de denuncia y ya se verá que se hace con el papel que resulte del ejercicio.

Así que agarra lápiz, agarra el formulario de denuncia y se lo tiende al hombre.

-Bueno, pues aquí tiene, redacte la denuncia y désela a alguno de estos dos compañeros. Yo tengo que ir a hacer una llamada.

Eulogio le pregunta si puede sentarse, el teniente Serafín Romero Díaz le cede una silla y le deja escribiendo sobre su propia mesa. Después toma del perchero su abrigo largo y sale de la habitación del cuartel dejando la puerta abierta por la que se cuela un frío endemoniado. Cuando Eulogio termina su escrito, lo lee con gesto absorto.Lo firma y debajo escribe. “Todo es cierto” y lo subraya. Después él también sale a la calle y no ve a nadie en la puerta.

Teatro en Madrid: La Avería

Desde el 17 de marzo hasta el próximo 24 de abril se puede ver en las salas de El Matadero de Madrid, junto a la plaza de Legazpi, la adaptación a la escena teatral de un cuento de Friedrich Dürrenmatt.

En este cuento, un viajero, tras tener una avería con su coche, que es incapaz de arreglarse hasta el día siguiente, se hospeda en casa de un anciano que espera a unos amigos para cenar y se le acaba proponiendo jugar a un juego en el que los ancianos reviven sus antiguas profesiones y en el que le tocará llevar el rol de acusado y reflexionar sobre su vida.

La adaptación del texto fue hecha por Fernando Sansegundo y la dirección de la obra es tarea realizada por Blanca Portillo.

Ocupado

Hoy os traemos a La Telaraña un nuevo relato de Santiago de Arriba Manrique

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