El hito fugaz


Confíando en el conductor, en su último viaje en coche se quedó dormido poco después de salir de un túnel.

Despertó ya en pleno mediodía y lo primero que observó tras el cristal fue un roble a la derecha de la carretera.

No hubiera sabido decir que lo diferenciaba de otros robles, pero la emoción del despertar se lo mostró único bajo la luz que filtraban sus hojas y mirarlo le pareció un juego que detenía el tiempo; a un lado la sombra, al otro la luz, aferradas a la tierra las raíces ocultas y con ellas él, quedándose atrás.

En un par de segundos lo perdió de vista.

Si alguna vez volviera a pasar por el mismo sitió no lo sabría distinguir del resto de los robles, pero consciente de que en los días que vinieron después, su recuerdo se fué convirtiendo en una imágen consistente como una roca y elocuente como una película que durase un siglo, mirará otro roble y sonreirá.

David Puntero

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