¡¡¡ ES QUE NO PUEDE SER!!!


Este cuento aparece en La Telaraña gracias a la colaboración de Santiago de Arriba Manrique su autor.

Recuerdo con cálido cariño aquellos días de escuela. Mis primeras impresiones se circunscriben a las sotanas, las reprimendas vara en mano y esos horribles zapatones que parecían una cucharada en el vacío.
Sin embargo, admiraba el marfil que, bien bruñido, representaba la cruz.
Opino que ha llegado el momento de decirles que yo, pese a mi apariencia, producto de las aventuras de una intrépida bailarina gallega, soy negro. Nací en Guinea y Malabo fue la escuela de mi infancia. Obviamente, estas letras surgen de un aprendizaje posterior. La verdad es que sí. Rechacé lo español por sistema y, cual bonaerense, me sumergí en la cultura francesa.
Pero, y crean que lo siento, no tengo tiempo. Ustedes no lo entienden todavía y yo tengo mucha prisa. ¡Si no lo hubiera leído!
Lo cierto es que atraqué aquella sucursal del “Banque Nationale de Paris”. Maté al cajero y me hice con toda la pasta. No es menos cierto que después, entre ardientes tiroteos, huí hacia mi casa y cuando mi madre esperaba el pan se topó con dos disparos. Admito también que acribillé la noble cara de mi padre como si tumbase patos en una feria.
Sí, yo volé la casa y reduje la débil resistencia de los vecinos cosechando alguna baja más.
Pero, ¿pueden imaginarse ustedes lo que es ser negro habiendo leído a Baudelaire?

Santiago de Arriba Manrique

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