Antitabaco


Espero el autobús en el Sur de La Ciudad. Hace frío.

El autobús tarda 10 minutos. Cuando llega y entro en la atmósfera somnolienta de su interior me siento a la izquierda, junto a la ventana y miro el paisaje : las calles a la luz de las farolas. Al fondo, sobre las casas bajas, se ve la penumbra del primer clarear de la mañana.

Hacemos una rotonda y me doy cuenta que el conductor lleva puesto un disco de Bob Dylan, la canción que esta sonando es “Rainy day women”. Me gusta el deje vacilón que tiene. Me gusta que sea una mañana de lluvia. Busco alrededor a las mujeres del día lluvioso, pero nada. Miro hacia el otro lado de la ventana de nuevo y escucho la canción hasta que acaba y después otra. Luego se oye la radio. Me duermo apoyado contra el vidrio.

Despierto a escasos kilómetros de La Ciudad. Veo al fondo de la carretera sus torres y sobre ellas el tejido negruzco de partículas suspendidas. “Joder” Pienso ante la boina de humo, vista en todo su esplendor, en la primera hora de la mañana de invierno.

“Menos mal que van a prohibirnos fumar” se queja alguien desde su asiento ” Mirad como está La Ciudad de humo” El comentario me provoca una sonrisa agria. Me levanto y me acerco hasta el conductor para preguntarle si le importaría volver a poner a Bob Dylan.

“¿Te parece El Blues del Zumo de Naranja o prefieres Mr. Tambourine?” Me pregunta. “Lo que tu elijas” le digo. “Tú eres el conductor, tú decides” “Bien” me responde “entonces los grandes éxitos, dejamos al Dylan experimental para el regreso”

Me vuelvo a sentar pensando que me habría gustado nacer en otros años. Pero ¿En cuáles? Estos, desde los que canta Bob Dylan, seguramente también estaban llenos de sinsentido, de sufrimiento, de ignorancia… Pero ¿Tanto?

Barajando respuestas llego hasta mi parada. Suena “Blowing in the wind” pero no me paro ya a escucharla, simplemente, me bajo del autobús, despidiéndome del conductor con una seña hacia el espejo retrovisor a la que él responde también sin palabras.

Ahora poso un pie sobre una las aceras de La Ciudad. Ya no veo el humo en suspensión a lo lejos, ya soy parte de él.

David Puntero

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