Sobre la Guerra de Libia


El 18 de marzo de 2011 la ONU aprobaba la zona de exclusión aérea en Libia. Occidente abría la veda y las defensas y medios de ataque de Gadafi eran atacados por fuerzas de combate de naciones asociadas a la ONU. España no podía ser menos que el resto de los aliados occidentales y participa en la misión internacional con vehículos militares de combate y cerca de 500 soldados, una operación que supondría un coste de 25 millones de euros.

Ante esta ofensiva aliada, el pueblo libio vive en las circunstancias propias de una guerra civil y no ha tardado en encontrar personas comprometidas con su causa fuera de sus fronteras. Centenares de personas se manifestaron en Barcelona el pasado 20 de marzo bajo el lema “Ni tiranías, ni ocupaciones, solidaridad con los pueblos en lucha”. Gaspar Llamazares enarboló su pancarta de “No a la guerra”, y comparó la situación libia con la intervención en Afganistán. “Ni los derechos humanos ni la democracia se imponen mediante la guerra”, expresa el diputado de IU en su blog. Según algunas voces había medios de presión internacional que se podrían haber usado antes de apoyar la intervención militar.

Sin embargo, la intervención ha contado con una amplia mayoría del Congreso, 336 votos a favor, tres en contra y una sola abstención. En boca del líder del Partido Popular, Mariano Rajoy, la intervención es importante “para garantizar la vida y la seguridad de los ciudadanos de este país norteafricano y para evitar que se lleve a cabo una masacre”. Aprobada la medida, Zapatero declaró que el apoyo español no busca expulsar a Gadafi de Libia, sino “poner fin al genocidio contra su pueblo”.

Los intereses petrolíferos siempre han sido asunto de debate y agria polémica. Pero el marasmo de incertidumbre en el que está sumido el pueblo libio obliga a olvidar, por el momento, esa disputa. Se dice que se interviene en Libia por el oro negro. Sin embargo era una evidencia que Gadafi estaba usando armamento pesado contra ciudadanos libios que empezaron pidiendo que se fuera y acabaron por coger las armas para echarle. Ojalá, para que se respetasen los derechos humanos, bastara con ondear la bandera blanca.

Lo que empezó como una guerra civil, de ciudadanos contra tiranos, ahora cuenta con el apoyo de la ONU y hoy, diarios de tirada nacional como El País recogían una noticia según la cual, el pentágono estadounidense había recibido órdenes de apoyar a la resistencia contra Gadafi. Ya no se limitan las cosas, por lo visto, a impedir el uso y abuso de fuerzas del dictador, ahora la misión muestra su verdadera cara: derrocar a Gadafi y quién sabe si apoyar después la reconstrucción de Libia y su ingreso en las filas de los países que gozan de una democracia civil siguiendo el ejemplo del vecino Egipto.

Nuestro deseo es que la guerra acabe cuanto antes y los libios puedan volver a empezar después de varias décadas de opresión y dictadura. El apoyo internacional no debe por lo tanto reducirse a esta intervención armada sino que debe comprometerse con la transición a una democracia. Recordemos que eso es lo que se reivindicaba.

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