Santiago de Arriba: “Democratizar el conocimiento puede ser la clave de un futuro sin violencia ni miseria”. (Parte III)


Esta semana finalizamos la publicación de la entrevista a Santiago de Arriba. En la Parte II, dedicada a resumir la primera fase madura de su carrera, Santiago nos relató experiencias como la del pantano de Riaño junto con Imanol Arias, la liberación de Emiliano Revilla en 1988, momento en el que ya ocupaba el puesto de Jefe de Producción de Informativos de TVE.

Santiago, creo que es momento de tratar su experiencia en Tian’anmen ¿volvió a desarrollar después su trabajo de la misma forma?

De los sucesos de Tian’anmen vine muy tocado. Vi muchos muertos, presencié muchas salvajadas…cosas horribles. Los altavoces que obligaban a la gente a detenerse a escuchar las órdenes, las pantallas… me pareció estar viviendo en China dentro de ‘1984’, la novela de Orwell. La Telaraña

Aparte de ser perseguido y amenazado (Santiago estuvo escondido bajo el techo de una familia coreana, a quien agradeció su amabilidad), me afectó más la impotencia de ver cómo el pueblo no se rebelaba. No entendía nada, ¡les estaban matando! Vi cómo les hacían confesar crímenes delante de sus familias antes de ser ejecutados, además de tener que pagarse la bala… [silencio].

Tiene mucho mérito haberse jugado la vida por su trabajo.

Trabajar en una televisión pública, con una gran estructura, en un entorno político… si se vive con ese riesgo es por amor al trabajo y querer hacer las cosas bien. Ahí te doy la razón: que siempre ha habido y habrá pocos dispuestos a dejarse la vida por el cumplimiento de su deber.

¿Qué pasó con TVE? ¿Cómo rompieron relaciones?

Me fui de excedencia tras haber destruido en quince días el excelso trabajo de tres años. No lo soportaba. Intenté volver a los tres años y me dijeron que no. Les llevé a juicio. Gané y me tuvieron que indemnizar, además de readmitirme. Pero fui castigado a Prado del Rey, a trabajar en programas de vísceras.

Mis últimos aLa Telarañaños trabajé en documentales y programas culturales de La 2. Hice “Estudio 1”, “Memoria de España”, Naturaleza, Ballet, Música y muchos más. Hasta que por mi salud tuve que pedir la incapacidad absoluta y retirarme.

En cuanto a la censura, ¿qué métodos había de ocultar información?

Lo primero y más evidente era el servilismo. La disposición a todo lo que te diga el jefe es nefasta, porque te impide pensar por ti mismo. Por otro lugar, estaba la autocensura, que fue absoluta con el tema de los GAL. Se informaba de que aparecían muertos pero no se decía por qué ni quienes habían sido los autores. También había intervención política e institucional. Se estaba preparando el minutado de los telediarios y de repente llamaba Alfonso Guerra o un ministro a dar un toque. O llamaba la Casa Real a dar su consigna…

Y por último había un dirigismo de la información. Al poner los focos en unos aspectos y no en otros también estás censurando. O directamente no mostrar un hecho. Pero censura directa sólo tuve en Arabia Saudita, Irak e Israel, donde me acompañaba siempre un censor militar en la primera Guerra del Golfo.

¿Cuáles son sus trabajos por escrito más importantes?

Fui  el primero en RTVE que puso por escrito la idea de quitar la publicidad en TVE.  Idea que se ha hecho efectiva hace poco. También escribí un manifiesto sobre difusión, que aboga por hermanar las ciencias y las letras. Acercar la ciencia al público de forma audiovisual, hacerla democrática. Surgió en 2003 en una reunión del Colegio de Físicos, y se movió con éxito. Parece que se está teniendo en cuenta. Lo hice por puro placer intelectual y libertario.

El objetivo del “Manifiesto por el desarrollo y difusión de los saberes” fue iniciar una campaña estatal para reclamar la dotación de suficientes medios para estudiar, investigar o  experimentar, para difundir los conocimientos a través de todos los medios de comunicación. Trasladar los saberes a la sociedad elevaría el nivel intelectual y facilitaría la comprensión del mundo que nos rodea. Además de propiciar  la discusión y el debate hasta llegar entre todos a soluciones razonables de cara a un futuro incierto por definición.

Democratizar el conocimiento puede ser la clave de un futuro sin violencia ni miseria.

¿Cuál es su “utopía” para la televisión?

Según los textos legales españoles, la televisión es un servicio público esencial. Todas las cadenas, incluyendo las privadas, son de titularidad pública. Pero la lucha por el liderazgo permanente basado en la captación de publicidad es incompatible con el cumplimiento de las funciones de tal servicio público.  Pero el medio cambió mucho con la explosión del corazón y los programas de telerrealidad, que son todo basura. Además, con todo el tema de la TDT, hay una gran variedad de canales pero una oferta muy pobre de contenidos. La mayoría emiten programación repetida o poco variada.

Mi utopía es una televisión pública sin el control político, gestionada por directivos que procedan de la plantilla. Que el Consejo Audiovisual asuma el papel de supervisión de los contenidos publicitarios en todos los soportes de difusión. Básicamente, una televisión que forme, informe y entretenga en el espíritu de todos sus programas.

¿Trabaja ahora en algún proyecto?

Me gustaría escribir una novela, pero ello conlleva muchas horas al día de esfuerzo. Tuve que elegir entre seguir trabajando en solitario por la literatura o dedicarme a mi familia. Y elegí lo segundo.

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