Nanas de ciencia ficción


El acceso al mercado editorial por parte de escritores que no tienen quien les haga valerse frente a los que en las editoriales eligen qué apuestan por publicar y qué no es un mundo lejano y casi inaccesible, de manera parecida al castillo del relato de Franz Kafka.

Son muchos los escritores que aburridos de ser ignorados por los departamentos de selección de las grandes editoriales publican su obra en internet, o con un esfuerzo inversor propio o teniendo suerte mediante el crowdfunding, logran sacar su libro en papel. Algunos de ellos, quizá los mejores, preceden estos libros de prólogos propios en los que casi se disculpan por tener que autoeditarse.

Para ayudar a toda la gente que tiene una obra escrita pero no logra ayuda para que llegue a las librerías, unos autores, dignos de alabanza por su valentía, se han embarcado en un proyecto editorial que pretende ayudar a sacar de la anonimia muchos de los textos que andan ahora metidos en cajones y carpetas, de los que más de uno y de dos seguramente sean dignos de llegar a los lectores.

No acaba la cosa ahí y Nanas Ediciones Clandestinas, que anda en proceso de constitución como asociación cultural, también invita a creadores gráficos a presentarles sus trabajos.

Como muestra de su hacer nos han enviado una selección de poemas de un poemario que gira alrededor de la que puede convertirse en la enfermedad más popular del siglo XXI. Se trata de la depresión para la que en España se dispensan varios millones de envases de medicamentos al año. Os dejamos un poema en el que tratan de abordar esta fatal incidencia del ánimo que, como ya digo, aqueja a mucha gente en todo el mundo.

Portada del primer volumen de Nanas de ciencia ficción.

Portada del primer volumen de Nanas de ciencia ficción.


DESARMANDO A UN PESIMISTA

Acto primero
-Persistencia. Tengas 30, 50 u 80. Persistencia. Intentarlo, intentarlo y no dejar de intentarlo.
-¿Con 80? ¿Qué crees que vivimos 200 años?
-No, creo que hasta el mismo momento en el que sobrevenga la muerte, tienes tiempo para conseguir lo que quieres. Hasta el último puto segundo de tu existencia.

Acto segundo
-Pero es que ya lo he intentado.
-¿Ah si? ¿Qué edad tienes? – 32
-¿Cuánto te queda de vida? ¿20? ¿30? ¿60 años? Entonces, ¿Por qué no tienes tiempo?
¿Acaso tienes algo mejor que hacer en esta vida que tratar de conseguir un sueño?

El autor de este poema es Alex Bayorti

El poema elegido forma parte de un poemario publicado hace pocas semanas que lleva por nombre “Nanas de ciencia ficción” y cuyos autores son el mismo del poema editado en esta entrada y David de Dorian. El próximo mes se publicará la segunda parte de la que forman parte como autores, aparte de los ya citados, otros 3 poetas.

Podéis conocer más cosas de este proyecto en los siguientes enlaces:

http://nanasdecienciaficcion.wordpress.com/

http://www.nanascienciaficcion.es/

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“Susurros”, una exposición de Quiveu


Si alguno de vosotros se encuentra en Sevilla o estará por esa ciudad española los próximos días quizá encuentre tiempo para acercarse a la fundación María Fulmen a disfrutar de una exposición de collages digitalizados realizada por una artista llamada Quiveu.

Con ideas que empezaban de manera distinta a la que acababan e inspirándose en la mujer como nexo que une todas las piezas Quiveau realiza sus collages mediante una tableta electrónica y usando cualquier otro material para ello, con un gusto especial por los que denotan el paso del tiempo: los tonos dorados, oxidados, los colores y estampados de épocas pasadas.

Os dejamos un cartel que os servirá de muestra de lo que en esta exposición podréis encontrar:

Cartel susurros Quiveu

Presentación del libro de Mª del Mar Mir Romero: “Paseando por tu Sonrisa”


Este jueves 7 de noviembre se presenta en La Carbonería de Sevilla el libro “Paseando por tu sonrisa”, de la poetisa Mª del Mar Mir Romero.

Leyendo y releyendo sus páginas me he emocionado por la ternura de algunos pasajes y me ha parecido oler el aroma de un café o de los olivares andaluces pese a estar encerrado en las tripas de un tren de media distancia durante la lectura.

La poesía de Mª del Mar es llana, cercana, remite al paisaje, a la gente y sus emociones, al ensueño que nos envuelve de pronto a veces entre los aromas del bar al que entramos a desayunar por la mañana temprano.

Desde aquí deseamos suerte a la aventura que inicia este libro y os dejamos un poema:

Tira y afloja

Y dicen que la vida es un continuo devenir de cosas,
dicen que a veces subes y otras bajas,
que cuidado con poner los pies sobre la tierra
y no salir disparado hacia el cielo, mirando las musarañas.

Si te sale un día perfecto, Don Perfecto es tu nombre,
pero al pasar las horas, el día termina y amanece un nuevo
día.

Hoy será un día de optimismo o de pesimismo,
de espumas o de carga,

-¿Cómo quiere su día? -te dice el camarero.
Te quedas embobada, te sorprende lo que
te ha dicho, -Perdone ¿Me puede repetir
la pregunta? -¿Cómo quiere su café?

Cartel promo Paseando por tu sonrisa 2 (2)

Ignacio Gutiérrez: “Dibuja algo con el dedo sobre el polvo”


Os dejamos un nuevo poema en La Telaraña.  Esta se vez se trata de un texto del poeta gaditano Ignacio Gutiérrez, que ha querido compartir con nosotros un extracto de su nuevo libro de poesía “Isolagnosis”

El libro completo está a la venta por 10€ y se puede solicitar a través del correo: ventas@edicionesenhuida.com

Portada del poemario "Isolagnosis"  de Ignacio Gutierrez

Portada del poemario “Isolagnosis” de Ignacio Gutierrez

En este blog teneis también más textos de Ignacio Gutiérrez: http://isolagnosis.blogspot.com.es/

Sin más os dejamos un aperitivo de lo que podéis encontrar en esos enlaces que compartimos con vosotros.

Dibuja con el dedo sobre el polvo

Dibuja algo con el dedo sobre el polvo.
Las paredes son blancas, pero las esquinas humedecen
y el olor a cerrado es como cobijarse.

Y el olor a cerrado es como cobijarse
y una extraña bruma nos transporta lentamente
susurrando una música amable que nos adormece.

Susurrando una música amable que nos adormece
los cajones rebosan papeles
y no hay manera de poner orden.

Los cajones están llenos de papeles
y el sillón, tan cómodo, ahora parece viejo
y desde la ventana se ve a los niños jugando en el parque.

Y vemos a los niños jugando en un jardín
y uno no sabe a qué atenerse, porque es imposible
adivinar si es un recuerdo o qué es eso.

“En una Bahía escanciada de Luz” Poesía por Aleqs Garrigóz


Aleqs Garrigoz es un poeta nacido en 1986 en la ciudad mexicana de Puerto Vallarta. En 2003 publicó “Abyección” en 2004 “Luces blancas en la noche” en 2005 “La promesa de un poeta” y en 2008 “Galería del sueño”.

Ha publicado poemas en medios electrónicos como “Más allá” en Requiem Ambrian o “La promesa de un poeta” en Vozquemadura.

Su nombre figura en casi una docena de antologías de poesía mexicana contemporánea. Aleqs Garrigóz

Os acercamos uno de sus poemas a La Telaraña. Feliz lectura:

EN UNA BAHÍA ESCANCIADA DE LUZ

1
Habrá que deslizar un espeso bosque de algas
sobre tu cuello al jadear en tu oído,
para decir el nombre de este frenesí.

De esos limos tienes el cuerpo y la maleabilidad.
De estas espigas que cortan el cielo, la delicadeza.
De mi lo tienes todo.

2
El mar nos brama en la mirada como un enorme toro
que necesitara urgentemente embestirnos.
Se allega; tira las piernas, despoja la ropa.

El mediodía perenne, polimorfo,
de esta selva untuosa de gravedades, nos responde.
Se mueve a tu ritmo pelviano,
agita su floresta despeinada con cada gemido.

3
El trino de las aves del paraíso
lamerá todavía nuestros costados
mientras tu hermosura centellee así de feliz.

(Nuestro afecto es ya más blanco que la arena.
y las bestias comiendo de nuestra mano.)

4
Necesito una espada,
para cortar el telón de este mundo;
y exhibirnos tal como somos.

Bahía con arcoiris

“Vacío”, un poema de Mª del Mar Mir Romero


Vacío

Caos, silencio, lleno, todo, nada o simplemente un hueco.
Redondo, elíptico, con forma piramidal,
oscuro, blanco, arcoíris luminoso entre gotas de lluvia.
¿Dónde estas vacío?.
Todo, nada, ruido, silencio, orden, caos o infinito.
Y mi vacío ¿Dónde está? ,pronombres posesivos;
vacío en mi ser, vacío en mi alegría, vacío en mi soledad,
vacío en mi egoísmo, álter ego, dubitativas las horas.
Ni enjambre de abejas, ni flores, ni huertos , llamamos al vacío,
vacío, vacío, vacío.

Más poemas de María del Mar Mir Romero:

http://www.soypoeta.com/rsp/mariona-c/poema

Estrellas

“Rosas Rojas” por Gonzalo Tomás Salesky


En la puerta del hospital de urgencias, donde estacionan las ambulancias, había una pelea entre dos hombres. Me llamó la atención porque solamente uno de los dos golpeaba al otro, que no caía al piso a pesar de los tremendos puñetazos que el primero le aplicaba en el rostro. Habían comenzado dentro de un taxi y bajado de él a los tumbos. Quien recibía los golpes ni siquiera sacaba las manos de sus bolsillos, como si en ellos estuviera protegiendo algo valioso. No ofrecía ningún tipo de resistencia, sólo buscaba evitar los impactos. Pero no lograba hacerlo del todo, y el que golpeaba de manera feroz –que por su ropa parecía ser el taxista- le asestó varias trompadas más hasta que el agredido, al fin, se decidió a correr.

Me pareció extraño que no hubiera intentado defenderse o al menos, alejarse cuanto antes.

Perdí de vista a los dos hombres y seguí caminando. Entré al hospital por una de las puertas laterales. Venía bastante apurado, como siempre. Iba a visitar a un pariente internado y sólo llevaba un ramo de rosas rojas en mi mano derecha.

Unos segundos después, sentí que me empujaban desde atrás. Trastabillé y casi caigo al suelo. En una de las galerías, cerca de la terapia intensiva, el mismo hombre que había recibido los golpes me tomó del brazo y con un arma pequeña apuntó a mi pecho. Haciendo ademanes, me obligó a acompañarlo. No dudé un segundo.
Estaba muy lastimado y de su ojo izquierdo parecía caer sangre. Su camisa blanca, llena de pequeñas manchas de color oscuro. Y sus dientes…

Corrimos un largo trecho. La gente se horrorizaba al ver su cara destrozada y el revólver que llevaba en su mano derecha. Parecía algo grotesco, un hombre desequilibrado corriendo al lado de otro que seguía sosteniendo, como si fuera un trofeo, un ramo de flores. No entiendo por qué en ese momento no pude soltarlo.

Subimos a un pequeño ascensor. Allí bajó su arma y me miró a los ojos por primera vez. Sacó de su bolsillo una pequeña caja de color blanco, cerrada con cinta adhesiva, y me la entregó sin decir nada. Al detenernos en el segundo piso, volvió a tomarme del brazo y así corrimos hasta el borde de un balcón que se encontraba unos pasos delante de nosotros.

Abajo, la gente había empezado a congregarse. Extrañamente, a pesar de todo, yo me encontraba tranquilo y seguro de que no iba a lastimarme. Algo en su mirada lo decía. Pero aún no llegaba a entender por qué me había dado la caja.

– No la abras todavía. Sólo después que me vaya. No cometas los mismos errores que yo.

Habló como si estuviera leyendo mi mente.

No tuve tiempo de preguntarle nada. Acercó la punta del revólver a su garganta, debajo de la nuez de Adán, y disparó.

Se desplomó sobre mí. Y la sangre… ¡por Dios! Tanta sangre a borbotones sobre mi ropa, mis zapatos y el ramo de flores.

Me lo saqué de encima. Sentía vergüenza de pensar más en el asco que me producía ensuciarme que en la locura y el drama de ese pobre hombre.

En pocos minutos llegó la policía. Tarde, como en las películas. Sólo atiné a quedarme sentado, apoyado contra la pequeña pared que nos rodeaba. Guardé la caja en el bolsillo. Tuve la tentación de dejarla tirada o de esconderla en el pantalón del suicida, pero preferí respetar su último deseo. Cuando todos se fueran, la abriría.

Una vez en mi departamento, cerca de las cinco de la tarde, aún no había podido almorzar. Seguía asqueado por la horrible sensación de la sangre caliente sobre mi cuerpo. Volvía a verla, manando con violencia, mojando mis manos y mis pies.

Me senté en el living. Acababa de llamar la policía para pedir algunos datos y ver si podía aportar algo más. De paso, me avisaron que el psicópata no había muerto todavía. Estaba muy grave, internado en el mismo hospital de esta mañana. Era prácticamente imposible que sanara o despertara, según el comisario a cargo de la investigación.

Sin embargo, algo me impulsó a ir a verlo. Para saber más de él o de su vida. Además, me tentaba la idea de dejar la cajita blanca de bordes plateados entre sus pertenencias.

Pero no iba a poder hacerlo.

Una hora después, estaba en camino del hospital, por segunda vez en pocas horas.

Llegué a la sala de terapia intensiva pero dos oficiales me impidieron el paso. Estaban parados al lado de la puerta, uno de cada lado. Me preguntaron si tenía relación con él, si era familiar o pariente. No quise decirles mi nombre, sólo contesté que lo había conocido hace poco tiempo. El más joven me dio el pésame por anticipado y me informó que podía quedarme por allí, para esperar el obvio desenlace.

Di media vuelta y busqué la salida. Había sido un día bastante largo.

Apenas subí a un taxi para volver a casa, tomé la caja y me decidí a abrirla. De una vez por todas. Nunca hubiera podido imaginarme lo que contenía.

Tenía que entregársela a alguien. Pero no a cualquiera. Alguien que fuera capaz de llevar a cabo lo que la caja pedía.

Vi por el espejo retrovisor que el taxista había observado lo mismo que yo. Y supe que comenzó a desearla, con todas sus fuerzas.

Estacionó a los pocos metros, cerca del sector de entrada y salida de ambulancias, y giró hacia mí. Me exigió la caja y no quise dársela. Por eso mismo comenzó a golpearme. En el rostro, en los oídos, en el estómago… Pero no la solté. La guardé en mi bolsillo, a salvo de todo.

Tratando de esquivar sus trompadas, bajé del auto. Sin saber hacia adónde iba, empecé a buscar al próximo destinatario.

Advertí que desde lejos nos estaban mirando. Era un hombre calvo, como yo, que parecía llevar algo pesado en sus manos.

Lo seguí. Enceguecido por el impulso de compartir con alguien especial el contenido de la caja, fui hacia la galería donde se encontraba. Aún sin saber cómo iba a convencerlo de que acepte.

Se me ocurrió quitarle el arma a un guardia del hospital. Lo hice y corrí con todas mis fuerzas por uno de los pasillos. Mi corazón latía cada vez más rápido. La sangre ensuciaba mi camisa. Tenía el ojo izquierdo semicerrado y mis dientes…

Encontré al calvo y lo tomé del brazo. Con la pistola apunté a su pecho y lo obligué a correr junto a mí, para alejarnos de todo. Nos refugiamos en un ascensor.

Cuando bajamos en el segundo piso, casi sin aliento, le di la caja y le indiqué:

"Solo llevaba un ramo de rosas rojas en mi mano"

“Solo llevaba un ramo de rosas rojas en mi mano”

– No la abras todavía. Sólo después que me vaya. No cometas los mismos errores que yo.

No tuvo tiempo de preguntarme nada. Allí mismo, cerca del balcón, acerqué la punta del pequeño revólver a mi garganta y disparé.

Caí sobre él. Y mi sangre… por Dios, tanta sangre a borbotones sobre su ropa, sus zapatos y el ramo de rosas rojas que él seguía sosteniendo entre sus manos, como si fuera un maldito trofeo.

(*) Gonzalo Tomás Salesky Lascano nació en Córdoba en 1978. Ha publicado tres libros: 2011 (poemas y cuentos, en el año 2009), Presagio de luz (poemas, año 2010) y Ataraxia (cuentos y poemas, año 2011).

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