“Susurros”, una exposición de Quiveu


Si alguno de vosotros se encuentra en Sevilla o estará por esa ciudad española los próximos días quizá encuentre tiempo para acercarse a la fundación María Fulmen a disfrutar de una exposición de collages digitalizados realizada por una artista llamada Quiveu.

Con ideas que empezaban de manera distinta a la que acababan e inspirándose en la mujer como nexo que une todas las piezas Quiveau realiza sus collages mediante una tableta electrónica y usando cualquier otro material para ello, con un gusto especial por los que denotan el paso del tiempo: los tonos dorados, oxidados, los colores y estampados de épocas pasadas.

Os dejamos un cartel que os servirá de muestra de lo que en esta exposición podréis encontrar:

Cartel susurros Quiveu

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Ignacio Gutiérrez: “Dibuja algo con el dedo sobre el polvo”


Os dejamos un nuevo poema en La Telaraña.  Esta se vez se trata de un texto del poeta gaditano Ignacio Gutiérrez, que ha querido compartir con nosotros un extracto de su nuevo libro de poesía “Isolagnosis”

El libro completo está a la venta por 10€ y se puede solicitar a través del correo: ventas@edicionesenhuida.com

Portada del poemario "Isolagnosis"  de Ignacio Gutierrez

Portada del poemario “Isolagnosis” de Ignacio Gutierrez

En este blog teneis también más textos de Ignacio Gutiérrez: http://isolagnosis.blogspot.com.es/

Sin más os dejamos un aperitivo de lo que podéis encontrar en esos enlaces que compartimos con vosotros.

Dibuja con el dedo sobre el polvo

Dibuja algo con el dedo sobre el polvo.
Las paredes son blancas, pero las esquinas humedecen
y el olor a cerrado es como cobijarse.

Y el olor a cerrado es como cobijarse
y una extraña bruma nos transporta lentamente
susurrando una música amable que nos adormece.

Susurrando una música amable que nos adormece
los cajones rebosan papeles
y no hay manera de poner orden.

Los cajones están llenos de papeles
y el sillón, tan cómodo, ahora parece viejo
y desde la ventana se ve a los niños jugando en el parque.

Y vemos a los niños jugando en un jardín
y uno no sabe a qué atenerse, porque es imposible
adivinar si es un recuerdo o qué es eso.

Recuperar Madrid


Este domingo de octubre ha sido tan madrileño como otro cualquiera. Los más glotones han apurado su tapeo para irse a casa a comer con el estómago medio lleno. Los puestos del Rastro echaron el cierre a eso de las 14h. La calle Preciados no ha dejado de estar abarrotada. En Casa Labra ha volado el bacalo. Los cinéfilos han hecho cola en Tirso de Molina para ver el estreno de turno. Un mimo aguantó lo inaguantable en la calle Mayor para llevarse unas monedas. La cuesta del Moyano ha vuelto a ofrecer libros a precio de saldo. Y los turistas se han quedado boquiabiertos mirando cómo Velázquez les desafiaba de frente desde su cuadro más famoso. Yo he tenido el lujo de ver a mi Atleti en el Calderón llevarse tres puntos después de un paseo a orillas del Manzanares. Todo ha ido como la seda, hasta que a media tarde he abierto el periódico digital y me ha entrado una depresión. Titular de El País: “La decadencia de Madrid“. Pincho y al momento se abre una larga página en la que se detalla la ruina en la que está sumida la ciudad en la que he crecido. No solo por la deuda -que ya supera los siete mil millones- sino por el bajón cultural, artístico y social que padece la villa. Realmente no sé por dónde empezar.

Estatua Baroja, Madrid

A simple vista puede parecer que en Madrid se puede respirar cultura como antes. Pero si de algo sirven las cifras es para mostrarnos lo que tapan los grandes carteles. Solo en los últimos años medio centenar de cines ha echado el cierre o se ha convertido en tiendas de ropa y restaurantes (queda una treintena de salas). Muchos teatros hoy son discotecas. El café, seña de identidad en tantos títulos de autores como Larra, Galdós o Buñuel, ya no se sirve en 4.500 cafeterías, ahora locales traspasados o a la espera de compradores. En La Latina están poniendo multas por charlar en la puerta del bar con la consumición en mano, aunque el lugar esté hasta la bandera. El transporte público está más caro que nunca, y la frecuencia de sus trenes y autobuses es cada vez menor.

Tampoco es agradable a la vista un Palacio de la Música que permanece tapiado en la Gran Vía, ni tampoco enterarse de que el Ayuntamiento ha prescindido de su habitual festival de Jazz. El mismo evento en el que Miles Davis tocó su trompeta ante miles de personas en el Palacio de los Deportes. El próximo noviembre iba a celebrar su 30ª edición en el Fernán Gómez, un teatro de legendario nombre cuya gestión va a ser privatizada.

De algún modo cuestiones tan importantes como el paro, la corrupción y la sensación general de crisis están haciendo mella en el turismo de la capital, con un 22% menos de visitantes en agosto mientras crece en el resto de España. Y aunque a muchos el tema de los Juegos Olímpicos no nos ha quitado el sueño, lo cierto es que dudo mucho que el discurso de la alcaldesa a modo de cuentacuentos haya servido para motivar la visita de nuestros vecinos europeos. Y también dudo que esos 1.500 millones que prometió invertir si la candidatura hubiera recaído en Madrid vayan a parar a capítulos como la educación o el mismo deporte del que presumimos…

Menos mal que el 12 de octubre está al caer y podremos sacar a hondear la banderita mientras los tanques discurren por Castellana. Para eso sí hay dinero público suficiente. También para mantener los cerca de 160 asesores que tiene la regidora en nómina. Más de diez millones de euros que se reparten entre familiares y militantes de su partido. Y para tantas otras cosas que ni usamos ni decidimos.

En fin. Nunca me ha gustado amargarme ni abusar del castellano para “poetizar lo lejano”, como decía Baroja. Por eso no voy a teletransportarme a la década de los ochenta con el único fin de despreciar la mía. Fue una época a buen seguro repleta de creatividad y felicidad por haber vuelto a encender la llama que apagó la dictadura. Y esa luz, aunque se agota, sigue iluminando los cines, teatros y salas de conciertos que sobreviven en callejones. Solo hay que abrir la Guía del Ocio para darse cuenta de que la oferta no es cara ni escasa. Esta misma semana he visto en directo la pintura de los Macchiaioli en la Mapfre a coste cero. He comprobado que la Feria del libro antiguo sigue ocupando Recoletos cuando llega el otoño. Y además he podido ver ‘El jovencito Frankenstein’ de Mel Brooks por solo 2€ en pantalla grande, y en analógico. La Filmoteca sigue de pie en Antón Martín. Su permanencia y la de otros templos similares depende en gran parte de los políticos, gestores y promotores culturales, pero sobre todo de los ciudadanos. Hay que asumir lo perdido y confiar en una ciudad referente en todo el mundo, que ofrece lo mejor de sí misma y que cada día nos lo pone fácil para salir de casa. Y da igual que el alcalde se apellide Canalejas, Galván o Botella. Hay que recuperar Madrid.

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