Japón y el debate de las nucleares


Experiencias aterradoras como la vivida en Japón ponen siempre en jaque la labor de los medios de comunicación. Como servidores públicos, resulta indispensable su deber de fomentar la seguridad de los ciudadanos poniendo en cuestión a unas energías que el poder se resiste a extinguir por meros beneficios de mercado,  nuestro mismo suelo centrales como Garoña, Ascó, Cofrentes aún forman parte considerable del mapa energético español.

Qué mejor momento para España que este para demostrar su compromiso hacia un futuro verde y sostenible, algo para lo que no debemos esperar solo a la acción política, sino que debe hacerse madurar desde la opinión pública.

De momento Alemania ha paralizado la ampliación de la vida de sus centrales y Suiza ha suspendido todas las licencias para la construcción de nuevas centrales. Pero de los veintisiete países de la UE, todavía catorce cuentan con plantas nucleares que producen el 15% de la energía consumida por Europa.

Es una lástima que tengan que suceder catástrofes de esta magnitud para que el debate se vuelva a reactivar, con el peligro del ahínco religioso y fanatismo ignorante, tanto ciudadano como político, que aún predomina en gran parte del globo. Hablo por ejemplo del Irán de Ahmadineyad, donde sacude una ideología teocrática peor que un terremoto de 8,9 grados…

Por otro lado, la tragedia y el morbo de Chernóbil, de la que muchos medios alimentan sus contenidos, queda fuera de lugar en un momento en el que el bienestar mundial pende de controlar cuanto antes la tragedia del país nipón, a sabiendas de las repercusiones que traerá a corto y largo plazo.

Atónito, el mismo viernes 11 de marzo -primer día de la catástrofe nipona- veo en mi ordenador de becario cómo los foreros de bolsa ironizaban, especulaban y debatían el futuro de su divisa, del Nikkei, de “oportunidades” para invertir… al tiempo que estaban muriendo miles de personas y una parte del país sinónimo de prosperidad y tecnología era devorado por los caprichos de la naturaleza. Ello me sirvió para darme cuenta hasta qué punto cada uno mira poco más allá de su ombligo.

¿Por cuánto tiempo seguirán los pronucleares justificando su bandera como la alternativa energética más barata y segura? ¿Hasta qué punto es cierto?

Ahora más que nunca es el turno de que medios como Energías Renovables, revistas científicas, blogs y -sobre todo- medios generalistas acentúen aún más el debate entre lo fósil y lo sostenible.

 Apunte: El petróleo se come en dos días las primas a las renovables de un año

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A 110 km/por ahora


El pasado lunes entró en vigor una nueva ley por la que se establece el límite de velocidad a 110 km/h en autopistas y autovías. Las polémicas suscitadas por dicha norma han sido servidas en bandeja fría y muchos han cuestionado la solidez y expectativas por la imposición de pisar más el freno.

El objetivo expuesto es reducir el consumo de carburante debido a la crisis en los países productores del norte de África. El ministro de Fomento, José Blanco, indicó que se trata de una apuesta “coyuntural, excepcional y transitoria”. Por su parte, la DGT argumentó que la medida podría tener efectos colaterales positivos en materia de seguridad vial y contaminación ambiental.

Las asociaciones de conductores recomiendan recurrir las multas. Y como ha declarado Mario Arnaldo, el presidente de AEA a Servimedia, los radares tienen que cumplir “una serie de requisitos que no siempre se cumplen”. Los guardias civiles tachan de “tomadura de pelo” la reducción, que acusan presiones para multar en pequeños núcleos urbanos. Por su parte, el secretario general de la Unión de Guardias Civiles (UGC), Manuel Mato Vázquez, ha señalado que la limitación tiene por objetivo aumentar la recaudación por multas. Además, la medida se extiende a la limitación de circular a 30 km/h en poblado si se lleva a cabo por carriles de un solo sentido. Algo que atenta a la razón y que convierte al asfalto en una carrera de bólidos contra bicicletas.

Habrá que ver los niveles reales de ahorro de energía para ver los efectos de esta polémica ley. Pero da la sensación de que la crisis pasa por todas las casas, hasta por Tráfico.

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