Citando a Kerouac


Saltándonos por lo alto los tópicos de Año Nuevo y el consumismo de las rebajas, queremos citar a Jack Kerouac, uno de los más importantes “escritores malditos” de la América de los 50  junto con otras figuras como William Burroughs o Allen Ginsberg. También denominada ‘beat generation’, su elenco de intelectuales reflejó un tono ácido y de rechazo hacia los valores estadounidenses clásicos y tradicionalistas de la época, exaltando asimismo una gran libertad espiritual y sexual, al tiempo que compartían una curiosa devoción por la filosofía oriental. Todo ello sentaría las bases para el posterior movimiento hippie.

Imprescindible ‘On the road‘ (1951), donde relata el periplo que el escritor y sus amigos vivieron por los Estados Unidos y México, un largo viaje entre 1947 y 1950 cargado de anécdotas crudas y situaciones desesperadas dignas de leer y de descubrir.

He aquí uno de sus poemas más amargos. El poeta no quiso ponerle título, pero refleja muy bien su estado de desánimo y pesadumbre,  a la vez que plasma la explosión de riqueza intelectual que desborda en su obra:

Poema 

Claramente
vi
el esqueleto debajo
de
todo
este
espectáculo
de la personalidad
¿qué queda
de un hombre y de todo su orgullo
sino sus huesos?
Y todos sus sandwiches nocturnos
perdidos…
y las bañaderas repletas de licor
que atravesaron su garganta
…huesos—Él se desanima
en la sepultura,
sus rasgos faciales
transformados por los gusanos

*

De él
no escucharás
palabra alguna

*

La vida está enferma
Los perros tosen
Las abejas navegan
Los pájaros hachan
Los árboles serruchan
Los bosques lloran
Los hombres mueren
Las garrapatas lo intentan
Los libros mienten
Las hormigas vuelan
Adiós

Jack Kerouac. Buda y otros poemas‘. pág.12Arquitrave. 2005.

Regreso a Little Spain (New York)


Resulta irónico el exceso de racismo que por desgracia muchos predican hacia la comunidad inmigrante sin saber que, no hace mucho, en las décadas grises de nuestro siglo XX, los españoles también tuvimos que buscar mejor suerte muy lejos de nuestro suelo. Exiliados, apenados o, simplemente, arruinados, nuestros antepasados de apenas dos generaciones atrás no tuvieron más remedio que viajar con una mano delante y otra detrás hacia Suramérica, Francia e incluso a Estados Unidos. En la inmensa Nueva York que experimentaba desde no hace mucho con los rascacielos se formó una considerable colonia española bautizada con el nombre de Little Spain, un barrio en el que hoy mismo uno se podría sentir como en casa gracias  al olor de la tortilla que emanaría de las ventanas de humildes viviendas y por los restaurantes, cines y centros culturales organizados por españoles.

Little Spain fue fundada especialmente por obreros y campesinos de Galicia y de la cornisa cantábrica que buscaban una vida mejor a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando España se hallaba derrotada por la pérdida de Cuba y Filipinas. Ya en los años 30 residían entre 25.000 y 30.000 españoles en pleno barrio de Manhatta.

Siempre fueron minoría frente a otras colonias de inmigrantes europeos, como la italiana (Little Italy) o la irlandesa, pero se organizaron de manera muy similar. La falta de asistencia sanitaria o seguros como el de desempleo pronto les animó a asociarse en organizaciones como el Centro Asturiano o La Nacional, que todavía hoy mantiene abiertas sus puertas en la calle 14.

La Nacional en Manhattan

La Nacional se fundó  en 1869 y llegó a tener 9.000 miembros. Era el primer sitio al que acudía un español en busca de comida y trabajo. Una auténtica hermandad de españoles que se ayudaban unos a otros. La misma recibió la visita de Lorca, tras la cual escribiría “Poeta en Nueva York”.

Muchos de ellos volvieron a España una vez proclamada la II República, pero no tardaron en volver en vista de la inestable sociedad que se estaba gestando. Entre las causas de la desaparición de este barrio se suman factores como la droga o la inmigración latinoamericana, un declive que comenzó hace apenas veinte años.

Ahora la ‘Pequeña España’ será llevada a un documental que saca a la luz más de 130 años de historia mediante el recuerdo de varios entrevistados y cientos de fotografías que se conservan de la vida en aquel barrio.

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