‘Las olas’ y ‘Celuloide colectivo’ clausuran la II Edición de “1936: Memorias del Silencio”


Fuente: olivofilms.com

Cineteca Matadero y La Academia de Cine de Madrid han acogido las tres últimas proyecciones que dan por clausurada la II Edición de 1936: Memorias del silencio. Este ciclo, organizado por El Ojo Cojo, ha contado con coloquios y debates que han acompañado a las películas proyectadas, todo ello de forma libre y gratuita al público. La iniciativa apuesta por “abordar el arte de la Guerra Civil y la posguerra desde el cine para poder ponerlas de nuevo en el tapete”, según explicó la directora de El Ojo Cojo. Telaraña Digital asistió a la proyección y coloquios de ‘Las Olas’ y ‘Celuloide Colectivo’.

La Academia de Cine fue la encargada de proyectar el pasado viernes ‘Las olas’, de Alberto Morais, una sutil historia sobre el viaje de un octogenario a Argelès-sur-Mer, pequeño pueblo del sur de Francia donde se debe encontrar con su pasado, con un oscuro capítulo de su vida que le obligó a vivir recluido en un campo de concentración (ver tráiler). Al evento acudió el propio director, quien habló ante el público junto con Julio Pérez Perucha, profesor en la Universidad Autónoma de Barcelona, y los historiadores de cine Román Gubern y José María Caparrós. Los expertos han indicado la importancia de este tipo de certámenes, en un intento de dejar claro que la historia se activa gracias a la memoria. “Es fundamental para el desarrollo de la sociedad conocer cómo se han configurado los fundamentos que la han consolidado, algo clave para poder avanzar”, indicó Pérez Perucha. “La película cumple con la importante labor de confrontarnos con nuestro pasado para poder identificarnos con él”, añadió Gubern.

En palabras de José María Caparrós, la posguerra y la transición se caracterizaron por el “cine parcial” que silenciaba o demonizaba al bando contrario, poniendo en riesgo la objetividad de películas hacia un delicado tema como es la Guerra Civil. Por ello, el escritor aplaudió la labor de Morais en torno a su largometraje. Según el director, Las olas “no es una película sobre la memoria histórica”, explicó. “Trata sobre una persona incapaz de cicatrizar sus heridas aún pasados 60 años de aquellas penalidades, con un final abierto”, indicó Morais.

Por su parte, Cineteca Matadero ha proyectado este sábado ‘Celuloide Colectivo’, de Óscar Martín, un documental sobre cine que pone en relieve las películas y reportajes registrados durante la Guerra Civil, el primer conflicto armado cubierto por grabaciones sonoras. Mediante la reproducción de aquellos materiales y la intervención de historiadores de cine, directores y diversos participantes de dicha experiencia, el documental reconstruye las vivencias de la industria colectivizada del cine. Fue a partir del levantamiento del ejército contra el gobierno de la República, en julio de 1936, cuando los anarquistas inician una revolución social en Barcelona caracterizada por la colectivización. Empezaron a gestionar el cine y el entretenimiento para ponerlos en manos de la población, llegando a realizar más de cien películas en dos años. De este modo, organizaciones como el PCE, la Generalitat y el propio gobierno de la República empezaron a impulsar la producción de películas que los ciudadanos podían visionar de forma gratuita o a precios muy reducidos.

Entre la amplia producción de películas realizadas en dicho periodo, destacaron los documentales educativos y de propaganda, largometrajes de ficción, e incluso comedias y musicales. Todavía hoy siguen apareciendo gracias a las labores de búsqueda y restauración, aunque muchos se consideran perdidos debido a los trágicos incendios ocurridos durante la contienda. Asimismo, el documental refleja la hazaña que supuso el haber filmado todas esas producciones con un equipo que en su mayoría no contaba con formación técnica. Unas producciones amateur que hoy en día suponen un tesoro para la memoria cinematográfica de nuestro país. Entre las personas que dedicaron su vida a la producción de películas justo después del periodo bélico hasta muchos años después, destaca el veterano Juan Mariné, que interviene en el documental y que ha estado presente en el coloquio de la Cineteca.

El técnico relató brevemente su participación en la Guerra Civil, en la que perdió a muchos amigos y de la que sobrevivió gracias a una fuga de un campo de concentración francés tras ser exiliado. En su regreso a España, aún recluido, Mariné relató cómo cambió su vida tras ver una película en un cine de Sevilla, algo que consiguió alumbrarle una bombilla de esperanza tras sufrir tanta amargura. “Fue entonces cuando descubrí que el cine era mi vida”, comenta. Mariné comenzó colándose en platós, y su gracia y talento fueron suficientes para empezar a adentrarse en el mundo de la cinematografía, al que se dedicaría durante toda su carrera.

Aunque se retiró hace dos décadas de la dirección fotográfica, el veterano de 92 años sigue colaborando en la restauración de películas para la Filmoteca Española. Su discurso ha estado lleno de palabras de nostalgia recordando sus anécdotas durante su medio siglo en activo, en el que colaboró en múltiples películas como ‘El astronauta’, ‘Historias de la televisión’ o ‘La gran familia’, entre una extensa filmografía. “Para mí hacer cine no solo ha sido un trabajo, una pasión, sino un ideal”, ha declarado Mariné en torno a un debate, en el que también ha estado presente el propio director Óscar Martín, Román Gubern, que interviene en la película, el director Pablo Nacarino y el historiador de cine Magí Crusells. Todos ellos han charlado con el público asistente sobre historia y cine, los dos pilares de este certamen cultural.

El Ojo Cojo es una ONG multicultural de artistas, gestores culturales, comunicadores y estudiosos de múltiples ramas a los que se suma el apoyo de estudiantes en práctica y voluntarios. Tiene la finalidad de promover el diálogo intercultural en la sociedad, como demuestra con la organización de ciclos y conferencias como la presente edición de Memorias del Silencio. Aparte de las descritas, desde el pasado 18 de abril se han proyectado también en el Centro Cultural de Rivas Vaciamadrid y en la Filmoteca española otras películas como ‘Tierra de España’, ‘Surcos’ o ‘Almas sin fronteras’.

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Santiago de Arriba: “Democratizar el conocimiento puede ser la clave de un futuro sin violencia ni miseria”. (Parte III)


Esta semana finalizamos la publicación de la entrevista a Santiago de Arriba. En la Parte II, dedicada a resumir la primera fase madura de su carrera, Santiago nos relató experiencias como la del pantano de Riaño junto con Imanol Arias, la liberación de Emiliano Revilla en 1988, momento en el que ya ocupaba el puesto de Jefe de Producción de Informativos de TVE.

Santiago, creo que es momento de tratar su experiencia en Tian’anmen ¿volvió a desarrollar después su trabajo de la misma forma?

De los sucesos de Tian’anmen vine muy tocado. Vi muchos muertos, presencié muchas salvajadas…cosas horribles. Los altavoces que obligaban a la gente a detenerse a escuchar las órdenes, las pantallas… me pareció estar viviendo en China dentro de ‘1984’, la novela de Orwell. La Telaraña

Aparte de ser perseguido y amenazado (Santiago estuvo escondido bajo el techo de una familia coreana, a quien agradeció su amabilidad), me afectó más la impotencia de ver cómo el pueblo no se rebelaba. No entendía nada, ¡les estaban matando! Vi cómo les hacían confesar crímenes delante de sus familias antes de ser ejecutados, además de tener que pagarse la bala… [silencio].

Tiene mucho mérito haberse jugado la vida por su trabajo.

Trabajar en una televisión pública, con una gran estructura, en un entorno político… si se vive con ese riesgo es por amor al trabajo y querer hacer las cosas bien. Ahí te doy la razón: que siempre ha habido y habrá pocos dispuestos a dejarse la vida por el cumplimiento de su deber.

¿Qué pasó con TVE? ¿Cómo rompieron relaciones?

Me fui de excedencia tras haber destruido en quince días el excelso trabajo de tres años. No lo soportaba. Intenté volver a los tres años y me dijeron que no. Les llevé a juicio. Gané y me tuvieron que indemnizar, además de readmitirme. Pero fui castigado a Prado del Rey, a trabajar en programas de vísceras.

Mis últimos aLa Telarañaños trabajé en documentales y programas culturales de La 2. Hice “Estudio 1”, “Memoria de España”, Naturaleza, Ballet, Música y muchos más. Hasta que por mi salud tuve que pedir la incapacidad absoluta y retirarme.

En cuanto a la censura, ¿qué métodos había de ocultar información?

Lo primero y más evidente era el servilismo. La disposición a todo lo que te diga el jefe es nefasta, porque te impide pensar por ti mismo. Por otro lugar, estaba la autocensura, que fue absoluta con el tema de los GAL. Se informaba de que aparecían muertos pero no se decía por qué ni quienes habían sido los autores. También había intervención política e institucional. Se estaba preparando el minutado de los telediarios y de repente llamaba Alfonso Guerra o un ministro a dar un toque. O llamaba la Casa Real a dar su consigna…

Y por último había un dirigismo de la información. Al poner los focos en unos aspectos y no en otros también estás censurando. O directamente no mostrar un hecho. Pero censura directa sólo tuve en Arabia Saudita, Irak e Israel, donde me acompañaba siempre un censor militar en la primera Guerra del Golfo.

¿Cuáles son sus trabajos por escrito más importantes?

Fui  el primero en RTVE que puso por escrito la idea de quitar la publicidad en TVE.  Idea que se ha hecho efectiva hace poco. También escribí un manifiesto sobre difusión, que aboga por hermanar las ciencias y las letras. Acercar la ciencia al público de forma audiovisual, hacerla democrática. Surgió en 2003 en una reunión del Colegio de Físicos, y se movió con éxito. Parece que se está teniendo en cuenta. Lo hice por puro placer intelectual y libertario.

El objetivo del “Manifiesto por el desarrollo y difusión de los saberes” fue iniciar una campaña estatal para reclamar la dotación de suficientes medios para estudiar, investigar o  experimentar, para difundir los conocimientos a través de todos los medios de comunicación. Trasladar los saberes a la sociedad elevaría el nivel intelectual y facilitaría la comprensión del mundo que nos rodea. Además de propiciar  la discusión y el debate hasta llegar entre todos a soluciones razonables de cara a un futuro incierto por definición.

Democratizar el conocimiento puede ser la clave de un futuro sin violencia ni miseria.

¿Cuál es su “utopía” para la televisión?

Según los textos legales españoles, la televisión es un servicio público esencial. Todas las cadenas, incluyendo las privadas, son de titularidad pública. Pero la lucha por el liderazgo permanente basado en la captación de publicidad es incompatible con el cumplimiento de las funciones de tal servicio público.  Pero el medio cambió mucho con la explosión del corazón y los programas de telerrealidad, que son todo basura. Además, con todo el tema de la TDT, hay una gran variedad de canales pero una oferta muy pobre de contenidos. La mayoría emiten programación repetida o poco variada.

Mi utopía es una televisión pública sin el control político, gestionada por directivos que procedan de la plantilla. Que el Consejo Audiovisual asuma el papel de supervisión de los contenidos publicitarios en todos los soportes de difusión. Básicamente, una televisión que forme, informe y entretenga en el espíritu de todos sus programas.

¿Trabaja ahora en algún proyecto?

Me gustaría escribir una novela, pero ello conlleva muchas horas al día de esfuerzo. Tuve que elegir entre seguir trabajando en solitario por la literatura o dedicarme a mi familia. Y elegí lo segundo.

Santiago de Arriba: “No creo en la violencia como método para obtener algo a cambio”


Santiago de Arriba es un productor actualmente retirado. Duro activista en su primera juventud, dedicó su carrera a trabajar por y para la información. Sus años de adolescencia están marcados por una lucha de guerrilla urbana, de fuerte activismo contra el sistema, en unos años que, antes de y tras la muerte de Franco, fueron sinónimo de eclosión del librepensamiento, violencia callejera y tensión social. Vivió lo que él define como “la auténtica movida”, un periodo muy revolucionario al ritmo del rock transgresor de protesta.

Santiago reconoce que siempre ha sido un adicto a la información. Con diez años ya leía a diario el ABC, que compraba su madre. Su vena periodística apuntaba a maneras desde pequeño. Tras numerosas experiencias como técnico y guionista en diferentes medios, llegó a ser productor de TVE, cubriendo acontecimientos que le marcaron de por vida. Su experiencia como enviado especial a múltiples países le valieron para obtener la dirección  de Producción de los tres telediarios y otros programas de carácter cultural más tarde.

En los últimos años ha escrito múltiples textos con el fin de cambiar la perspectiva de la televisión, como la propuesta de retirar la publicidad de TVE, entre otros.

Con un carácter peculiar  y repleto de anécdotas que contar,  Santiago nos ha relatado a La Telaraña su experiencia personal y profesional como testigo de la historia.

¿Cómo fueron aquellos años de la “movida”?

Me moví en torno a lo que se llamó LaCoChu [abreviatura de Laboratorio Colectivo Chueca]. Conocí a cantantes, pintores, poetas, escritores y artistas en general que clamaban por un cambio radical del sistema. Mi juventud se desarrolló en una España que estaba despertando del franquismo. Fue como si todo estallara de repente.

Al país lo habían inundado de droga. Era más barato entonces ir a San Sebastián a comprarla que incluso a Ámsterdam. Los que vivimos en ese entorno somos una generación “machacada”. De hecho todos mis amigos están muertos, salvo un par de ellos. Los que quedamos somos unos supervivientes.

¿Cuándo decidió dejar el mundo de las guerrillas?

Me di cuenta de que no era un buen camino cuando casi quemo un autobús de la E.M.T. con un cóctel molotov. No creo en la violencia como método para obtener algo a cambio. Se nos estaba yendo de las manos.

¿Cuál fue su primer contacto con los medios?

Empecé  estudiando como discjockey de radio y supe del Instituto Oficial de Radio y TV. Tras unas pruebas muy duras de acceso, pagando sólo un seguro escolar, que me permitía aprender la profesión y hacer prácticas de producción, realización y operaciones en el segundo plató más grande de España. Es lo que equivale hoy a ser Técnico de grado superior.

¿Cómo fueron sus primeros trabajos?

Cada final de curso hacíamos cortometrajes. Mi primer contacto profesional fue en 1985 en el Centro Territorial de Madrid, donde trabajé como guionista. Después estuve de becario en Euronews, aprendiendo a manejar el sistema de satélites y conexiones.

Pero realmente empecé ejerciendo el oficio en el diario matinal “Buenos Días”, que dirigía José Antonio Martínez Soler. Hacía puro directo. Teníamos que saltar tejados para ir colocando antenas que permitiesen llevar la señal, ya que entonces no llegaba a todos sitios la que transmitía el Pirulí por su ubicación en una hondonada.

Cuéntenos sus primeros acontecimientos cubiertos como productor.

El primer suceso trágico de repercusión que cubrí fue el coche bomba de ETA en la Plaza de la República Dominicana de Madrid, cuando pasaba un convoy de la Guardia Civil. Juan Luis del Castillo López, un magnífico productor amigo mío, estaba en la zona y me llamó para cubrir enseguida la noticia. Cuando llegué con el equipo de cámara lo que vi fue muy duro. Fue mi primer pero no último contacto con la muerte.


Vi todos los restos esparcidos antes de que pudieran llegar los equipos forenses. Fue una masacre absoluta. Murieron muchos. [Silencio] Fue tremendo…un gran impacto para mí…

¿Cómo cubrió el asesinato de Ricardo Sáenz de Ynestrillas?

El atentado ocurrió a la altura de Virgen del Puerto, cerca de su casa. Él iba en su coche oficial. Entonces yo aún no tenía contrato fijo en Telediario. Aún me daban de lado. Tuve que insistir mucho para que me dieran una cámara y fui con un equipo de cámara y un conductor. El mérito fue que conseguimos cubrir la noticia en sólo veinte minutos, con todo el atasco que había en la M-30 y que se emitieran en el TD-1 con Ángeles Caso.

Y salgo en las imágenes peleándome con la policía. “¡Déjennos, que estamos en directo!”. Recuerdo que dificultaban mucho la labor. Me peleé con ellos para obtener imágenes en muchas ocasiones. Fue una pequeña hazaña a partir de la cual me empezaron a mirar de otra forma.

¿Cómo se enteró tan rápido del suceso?

Contábamos con teletipos de varias agencias, e incluso había gente que llamaba a los medios cuando algo pasaba, algún vecino…

¿Cómo se desarrolló después su trabajo?

Me afiancé de tal manera que en 1986 empecé a viajar al extranjero. Era mi primer año de contrato en TVE. En octubre hice mi primer viaje de los cuatro que hice a Filipinas. Por entonces había pocos productores dispuestos y que supieran hablar inglés. Yo sí sabía y eso me ayudó.

Hasta aquí la Parte I de la entrevista a Santiago. Próximamente en La Telaraña, la segunda parte nos desvelará sus experiencias en el norte de África, donde trabajó con el que fuera corresponsal de guerra, Arturo Pérez-Reverte. También revelaremos cómo cubrió los sucesos de Riaño junto a Imanol Arias, así como su ascenso a productor de los telediarios en TVE. En esta época, Santiago viviría uno de los momentos más tensos de su vida, cuando fue enviado a Pekín para cubrir las protestas de la Plaza de Tiana’anmen, trágico suceso que se saldó con la muerte de cientos de civiles.

 

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