“Despertar en Las Negras” Un poema de Katia Gerova


Y cayó en La Telaraña un bello poema de Katia Gerova. Esperamos que lo disfruten.

DESPERTAR EN LAS NEGRAS

La mañana es delicada.
Este sitio es un secreto.
Se esconde entre montes
una playa de arena gris.

He aqui la ceniza de tu vida.
No existe el tiempo.
No hay antes ni despues.
No es igual que hace 20 años,dicen,
ni hace 100. Ha habido rio.

El castillo ha estado entero y firme.
Otras voces y rostros diferentes
han habitado el paraíso.

Ahora los granados y los higos,
el castillo derrumbado… parecen fantasmas.

La playa es el hogar que has perdido y
donde vuelves para encontrarte a ti mismo.
El otro lado.

Al llegar te desnudas, se calman tus miedos.
Las mañanas son mudas. Te despiertas bajo el cielo
con pulmones llenos de brisa marina.

El mar llega hasta el infinito, suspira.
Y te basta.

Se levantan las personas somnolientas.
Se quedan mirando alrededor en silencio.
Pronto empezarán a bailar y tocar
pero todavia no, un instante mas…

El sol se asoma, pero todavia no llegan los rayos,
todavia no brilla el agua. Todavia no, un instante mas…
Ahora…

…Y todo sera nombrado. Todo explorado de nuevo y
dejado en un lado para descansar. Para no pensar mal.
Para convertirte en arena y sal. En fantasma.
Y deshacerte del hechizo de nacer hombre.

Despierta


Un poema de Katia Georgieva Gerova en La Telaraña Digital

Como en un sueño que se repite,
yo viajo de estación a estación.
Solo veo siluetas y la niebla fuera.

Tal vez sé donde me encuentro.
Tal vez no.
Aun puedo saltar fuera de la vía,
pero ya conozco el dolor
de espinas clavadas en los talones.

No lloro siquiera, me río de mi misma.
Todo se puede resolver,
si sólo paso mi mano por la ventana.
¿Pero porqué he de hacerlo?
Sé a donde voy.

Otra vez se repite el sueño.

Dando la cara


Un poema de Katia Georgieva Gerova para La Telaraña

Me he enfadado, me he enfurecido.
Alguien ha robado de mí, pero no pude verle.
No pregunté quién fue.
Por un instante dudé en mi misma.
No dí la cara, me bloqueé.
Estuve furiosa, impotente.
Mi rabia me mordió por dentro.
Y así he aprendido:
Duele más si vacilo.

La lluvia que borró el cosmos


Este cuento aparece en La Telaraña gracias a la colaboración de Katia Georgieva Gerova, su autora.

Yo era muy pequeña entonces. Pero aún recuerdo esa lluvia como si fuese ayer. Las aguas tibias, abundantes, grises, con cuerpo. Las gotas pesadas cayendo sobre mi cabeza y deslizándose por los mechones de mi pelo, sobre mi nuca desnuda y mis hombros descubiertos. Empapándome entera…

Fue un día espléndido de verano. Pasábamos las vacaciones en la montaña gracias a unas de esas cartas especiales que le daban a mi padre del trabajo. Decidimos ir al pueblo cercano para hacer una visita al observatorio. Debía de ser el primer observatorio que veía en mi vida. Recuerdo que el segundo me dejó atónita, maravillada. Pero de este primero no recuerdo nada.

Sin embargo la lluvia sí la recuerdo. Al salir, el cielo ya no era como antes. Lo cubrían unas nubes espesas y totalmente negras. Los truenos nos ensordecían.

Nos quedamos bajo la cubierta del observatorio un rato pero teníamos que coger el autobús en la parada de la acera de enfrente. En ningún caso podíamos perderlo. Las calles ya se habían convertido en ríos veloces. Hubo un momento de pánico, de incertidumbre. Luego mi padre gritó:

-¡Quitaos las zapatillas y a correr!

Recuerdo la adrenalina subiendo por mis venas…los brazos húmedos…el corazón saltando locamente en mi pecho…el flujo de las aguas acariciando mis pies descalzos…las carcajadas de la otra gente…

Supongo que entonces fue cuando el cosmos que había visto hacía unos minutos se borró para siempre de mi memoria.

Desafiando La Gravedad


Este poema aparece en la telaraña gracias a la colaboración de Katia Georgieva Gerova, su autora.

Dios,
Nosotros somos tu pesadilla.
Cometemos pecados, sufrimos.
Siempre hacemos preguntas, rezamos, te acusamos.
Y tú no quieres despertar.
Por eso todavía estamos aquí.

* * *

Insomnio, de los que a menudo tengo
Y ganas de dibujar sobre las paredes
y de irme.

Bonito radio-paquete me han enviado
desde el otro hemisferio.

Estoy desgarrada por tantos deseos
en un país, donde los colores son invisibles.

Ya la aurora rasca mi ventana fría.
Dibuja la realidad en mi cuarto el día.
¡Buenas, Sol! ¿Qué tal en America?

A mi hermano


Este poema aparece en la telaraña por cortesía de Katia Georgieva Gerova, su autora.

Me gusta la lluvia, igual que a ti.

Esa tarde, en la estación,
cuando dijimos adiós a nuestra prima,
estaba lloviendo.

Después cogimos diferentes caminos
y las gotas de lluvia llenaron el espacio entre nosotros.

Yo estaba deshecha por la despedida.
¿Pero, no estabas tú más deshecho que yo ?

Yo estaré esperando para un nuevo encuentro
un día feliz.
¿Pero esperas tú, siquiera algo, o alguien que venga?

La lluvia nos acaricia con sus dedos suaves de consuelo.
¿Te dará consuelo a ti?
¿ Será capaz de llenar el vacío y curar la herida?

Esa silenciosa lluvia de verano, la que tú admirabas,
En los tiempos en que regresábamos a casa juntos.

Una taza de Rila Té


Este poema aparece en la telaraña por cortesía de Katia Georgieva Gerova, su autora.

Las hierbas que he recogido
de la montaña Rila
tienen un increíble y calmante aroma y,
un mágico poder:

Recuerdos de esos días de verano:
Música colorida de pájaros y flores.
Miles de estrellas en el cielo.

Y un beso inesperado en la oscuridad.

Mi taza de té hecho de estas hierbas
recogidas por las cuestas montañosas
va a calentar mis manos en la madrugada de invierno.
Va a calentar mis labios como los labios de otro.
Va a pasar por mi garganta como una carcajada.

Y ya no voy a sentirme sola.

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