La duda de Buda


Este relato aparece en La Telaraña gracias a la colaboración de Santiago de Arriba Manrique, su autor:

De repente le cambió la cara. Los ojos comenzaron a brillarle al margen del arco iris. Desapareció esa eterna sonrisa helada y las comisuras se dirigieron hacia las orejas que, complacidas, proporcionaron la elasticidad suficiente para que la lengua barriera soez los ancestros en plena carcajada.

La piedra se hacía tendones en sus brazos y comenzó a tambalearse. En plena conciencia cósmica se atrevió a dar unos pasos y eso le perdió.

Cayó pendiente abajo y el pobrecito se deshizo la cabeza. Ya no pudimos volver a repararlo. Y fue una verdadera pena porque quedaba muy bonito encima del televisor.

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