La lluvia que borró el cosmos


Este cuento aparece en La Telaraña gracias a la colaboración de Katia Georgieva Gerova, su autora.

Yo era muy pequeña entonces. Pero aún recuerdo esa lluvia como si fuese ayer. Las aguas tibias, abundantes, grises, con cuerpo. Las gotas pesadas cayendo sobre mi cabeza y deslizándose por los mechones de mi pelo, sobre mi nuca desnuda y mis hombros descubiertos. Empapándome entera…

Fue un día espléndido de verano. Pasábamos las vacaciones en la montaña gracias a unas de esas cartas especiales que le daban a mi padre del trabajo. Decidimos ir al pueblo cercano para hacer una visita al observatorio. Debía de ser el primer observatorio que veía en mi vida. Recuerdo que el segundo me dejó atónita, maravillada. Pero de este primero no recuerdo nada.

Sin embargo la lluvia sí la recuerdo. Al salir, el cielo ya no era como antes. Lo cubrían unas nubes espesas y totalmente negras. Los truenos nos ensordecían.

Nos quedamos bajo la cubierta del observatorio un rato pero teníamos que coger el autobús en la parada de la acera de enfrente. En ningún caso podíamos perderlo. Las calles ya se habían convertido en ríos veloces. Hubo un momento de pánico, de incertidumbre. Luego mi padre gritó:

-¡Quitaos las zapatillas y a correr!

Recuerdo la adrenalina subiendo por mis venas…los brazos húmedos…el corazón saltando locamente en mi pecho…el flujo de las aguas acariciando mis pies descalzos…las carcajadas de la otra gente…

Supongo que entonces fue cuando el cosmos que había visto hacía unos minutos se borró para siempre de mi memoria.

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A mi hermano


Este poema aparece en la telaraña por cortesía de Katia Georgieva Gerova, su autora.

Me gusta la lluvia, igual que a ti.

Esa tarde, en la estación,
cuando dijimos adiós a nuestra prima,
estaba lloviendo.

Después cogimos diferentes caminos
y las gotas de lluvia llenaron el espacio entre nosotros.

Yo estaba deshecha por la despedida.
¿Pero, no estabas tú más deshecho que yo ?

Yo estaré esperando para un nuevo encuentro
un día feliz.
¿Pero esperas tú, siquiera algo, o alguien que venga?

La lluvia nos acaricia con sus dedos suaves de consuelo.
¿Te dará consuelo a ti?
¿ Será capaz de llenar el vacío y curar la herida?

Esa silenciosa lluvia de verano, la que tú admirabas,
En los tiempos en que regresábamos a casa juntos.

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