‘Madrid, 1987’, de David Trueba


Título: Madrid, 1987 Fecha de estreno: 13/04/2012 País: España Director: David Trueba Guión: David Trueba Reparto: José Sacristán, María Valverde Productora: Buenavida Producciones Género: Drama 

EL DESNUDO DE DOS GENERACIONES

Estamos ante el valiente relato de un pulso generacional narrado entre el presente y el pasado, que enfrenta lo viejo con lo nuevo, la vida que se va contra la que llega, y todo con el Madrid de los 80 actúando de presente. David Trueba ha dejado en un segundo plano la fotografía, la música e incluso la iluminación, para ponernos delante del espejo a dos voces en penumbras, marcadas por épocas diferentes y ahogadas en sus propios mares de sabiduría, curiosidad y deseo. Un deseo plasmado en la belleza de María Valverde, una actriz que aunque parecía encasillada en la moto de un cachitas demuestra que también vale para el cine más independiente y comprometido. Lo frágil y delicado de sus curvas se combinan con la firmeza de sus palabras, calladas tan solo por el discurso de su sabio compañero de diálogo. Y esta palabra que precede al punto debería ir escrita en mayúsculas, ya que es precisamente el diálogo lo que hace fuerte a esta historia.

La ilusión y la inocencia representada en Ángela (María Valverde) se funden con el cansancio, la ironía y la experiencia de Miguel (José Sacristán), un afamado periodista oxidado por el whiskey y los cigarrillos que han acompañado a sus artículos durante el largo franquismo y la transición. Veterano como el papel que interpreta, Sacristán representa una forma de vivir haciendo un periodismo que hoy ya no existe, aquel de incansable lectura, lápiz y libreta. Aunque su vieja máquina de escribir ya no teclea al dictado de un caudillo bajito, las canas y la rutina le han convertido en un viejo erudito al que ya le pesan los años.

Bien por admiración u oportunismo, la joven Ángela acude a él en busca de los consejos que no recibe en la facultad, ingenua a la vez que intrigada por las verdaderas intenciones de su maestro. Pronto la desnudez de sus palabras cubren sus cuerpos y les encierra entre cuatro mugrientas paredes, despojándolos de la artificialidad del mundo exterior, al que solo se pueden asomar desde una pequeña ventana.

Ambos cuerpos se cruzan y pelean entre sí, a modo de un combate al desnudo sin vencedor ni vencido en el que solo importa la metáfora del mensaje, la lección que se esconde tras la retahíla hipnótica del bohemio escritor, que tanto desea a las carnes de su compañera de encierro como poseer su misma ilusión por la vida.

Palabras que bailan en torno al amor, la política, el sexo, la literatura, mezcladas con un brillante ejercicio de cámara a puerta cerrada, de planos íntimos y minimalistas que recorren cada rincón de tan pequeño escenario. Una puerta que tal vez represente esa brecha entre un pasado oscuro al que el presente no termina de perdonar, esas ganas de vivir y de romper la barreras que nos enfrentan y limitan a diario, sin importar la edad, la época o el lugar.

Santiago de Arriba: “Democratizar el conocimiento puede ser la clave de un futuro sin violencia ni miseria”. (Parte III)


Esta semana finalizamos la publicación de la entrevista a Santiago de Arriba. En la Parte II, dedicada a resumir la primera fase madura de su carrera, Santiago nos relató experiencias como la del pantano de Riaño junto con Imanol Arias, la liberación de Emiliano Revilla en 1988, momento en el que ya ocupaba el puesto de Jefe de Producción de Informativos de TVE.

Santiago, creo que es momento de tratar su experiencia en Tian’anmen ¿volvió a desarrollar después su trabajo de la misma forma?

De los sucesos de Tian’anmen vine muy tocado. Vi muchos muertos, presencié muchas salvajadas…cosas horribles. Los altavoces que obligaban a la gente a detenerse a escuchar las órdenes, las pantallas… me pareció estar viviendo en China dentro de ‘1984’, la novela de Orwell. La Telaraña

Aparte de ser perseguido y amenazado (Santiago estuvo escondido bajo el techo de una familia coreana, a quien agradeció su amabilidad), me afectó más la impotencia de ver cómo el pueblo no se rebelaba. No entendía nada, ¡les estaban matando! Vi cómo les hacían confesar crímenes delante de sus familias antes de ser ejecutados, además de tener que pagarse la bala… [silencio].

Tiene mucho mérito haberse jugado la vida por su trabajo.

Trabajar en una televisión pública, con una gran estructura, en un entorno político… si se vive con ese riesgo es por amor al trabajo y querer hacer las cosas bien. Ahí te doy la razón: que siempre ha habido y habrá pocos dispuestos a dejarse la vida por el cumplimiento de su deber.

¿Qué pasó con TVE? ¿Cómo rompieron relaciones?

Me fui de excedencia tras haber destruido en quince días el excelso trabajo de tres años. No lo soportaba. Intenté volver a los tres años y me dijeron que no. Les llevé a juicio. Gané y me tuvieron que indemnizar, además de readmitirme. Pero fui castigado a Prado del Rey, a trabajar en programas de vísceras.

Mis últimos aLa Telarañaños trabajé en documentales y programas culturales de La 2. Hice “Estudio 1”, “Memoria de España”, Naturaleza, Ballet, Música y muchos más. Hasta que por mi salud tuve que pedir la incapacidad absoluta y retirarme.

En cuanto a la censura, ¿qué métodos había de ocultar información?

Lo primero y más evidente era el servilismo. La disposición a todo lo que te diga el jefe es nefasta, porque te impide pensar por ti mismo. Por otro lugar, estaba la autocensura, que fue absoluta con el tema de los GAL. Se informaba de que aparecían muertos pero no se decía por qué ni quienes habían sido los autores. También había intervención política e institucional. Se estaba preparando el minutado de los telediarios y de repente llamaba Alfonso Guerra o un ministro a dar un toque. O llamaba la Casa Real a dar su consigna…

Y por último había un dirigismo de la información. Al poner los focos en unos aspectos y no en otros también estás censurando. O directamente no mostrar un hecho. Pero censura directa sólo tuve en Arabia Saudita, Irak e Israel, donde me acompañaba siempre un censor militar en la primera Guerra del Golfo.

¿Cuáles son sus trabajos por escrito más importantes?

Fui  el primero en RTVE que puso por escrito la idea de quitar la publicidad en TVE.  Idea que se ha hecho efectiva hace poco. También escribí un manifiesto sobre difusión, que aboga por hermanar las ciencias y las letras. Acercar la ciencia al público de forma audiovisual, hacerla democrática. Surgió en 2003 en una reunión del Colegio de Físicos, y se movió con éxito. Parece que se está teniendo en cuenta. Lo hice por puro placer intelectual y libertario.

El objetivo del “Manifiesto por el desarrollo y difusión de los saberes” fue iniciar una campaña estatal para reclamar la dotación de suficientes medios para estudiar, investigar o  experimentar, para difundir los conocimientos a través de todos los medios de comunicación. Trasladar los saberes a la sociedad elevaría el nivel intelectual y facilitaría la comprensión del mundo que nos rodea. Además de propiciar  la discusión y el debate hasta llegar entre todos a soluciones razonables de cara a un futuro incierto por definición.

Democratizar el conocimiento puede ser la clave de un futuro sin violencia ni miseria.

¿Cuál es su “utopía” para la televisión?

Según los textos legales españoles, la televisión es un servicio público esencial. Todas las cadenas, incluyendo las privadas, son de titularidad pública. Pero la lucha por el liderazgo permanente basado en la captación de publicidad es incompatible con el cumplimiento de las funciones de tal servicio público.  Pero el medio cambió mucho con la explosión del corazón y los programas de telerrealidad, que son todo basura. Además, con todo el tema de la TDT, hay una gran variedad de canales pero una oferta muy pobre de contenidos. La mayoría emiten programación repetida o poco variada.

Mi utopía es una televisión pública sin el control político, gestionada por directivos que procedan de la plantilla. Que el Consejo Audiovisual asuma el papel de supervisión de los contenidos publicitarios en todos los soportes de difusión. Básicamente, una televisión que forme, informe y entretenga en el espíritu de todos sus programas.

¿Trabaja ahora en algún proyecto?

Me gustaría escribir una novela, pero ello conlleva muchas horas al día de esfuerzo. Tuve que elegir entre seguir trabajando en solitario por la literatura o dedicarme a mi familia. Y elegí lo segundo.

Santiago de Arriba: “No creo en la violencia como método para obtener algo a cambio”


Santiago de Arriba es un productor actualmente retirado. Duro activista en su primera juventud, dedicó su carrera a trabajar por y para la información. Sus años de adolescencia están marcados por una lucha de guerrilla urbana, de fuerte activismo contra el sistema, en unos años que, antes de y tras la muerte de Franco, fueron sinónimo de eclosión del librepensamiento, violencia callejera y tensión social. Vivió lo que él define como “la auténtica movida”, un periodo muy revolucionario al ritmo del rock transgresor de protesta.

Santiago reconoce que siempre ha sido un adicto a la información. Con diez años ya leía a diario el ABC, que compraba su madre. Su vena periodística apuntaba a maneras desde pequeño. Tras numerosas experiencias como técnico y guionista en diferentes medios, llegó a ser productor de TVE, cubriendo acontecimientos que le marcaron de por vida. Su experiencia como enviado especial a múltiples países le valieron para obtener la dirección  de Producción de los tres telediarios y otros programas de carácter cultural más tarde.

En los últimos años ha escrito múltiples textos con el fin de cambiar la perspectiva de la televisión, como la propuesta de retirar la publicidad de TVE, entre otros.

Con un carácter peculiar  y repleto de anécdotas que contar,  Santiago nos ha relatado a La Telaraña su experiencia personal y profesional como testigo de la historia.

¿Cómo fueron aquellos años de la “movida”?

Me moví en torno a lo que se llamó LaCoChu [abreviatura de Laboratorio Colectivo Chueca]. Conocí a cantantes, pintores, poetas, escritores y artistas en general que clamaban por un cambio radical del sistema. Mi juventud se desarrolló en una España que estaba despertando del franquismo. Fue como si todo estallara de repente.

Al país lo habían inundado de droga. Era más barato entonces ir a San Sebastián a comprarla que incluso a Ámsterdam. Los que vivimos en ese entorno somos una generación “machacada”. De hecho todos mis amigos están muertos, salvo un par de ellos. Los que quedamos somos unos supervivientes.

¿Cuándo decidió dejar el mundo de las guerrillas?

Me di cuenta de que no era un buen camino cuando casi quemo un autobús de la E.M.T. con un cóctel molotov. No creo en la violencia como método para obtener algo a cambio. Se nos estaba yendo de las manos.

¿Cuál fue su primer contacto con los medios?

Empecé  estudiando como discjockey de radio y supe del Instituto Oficial de Radio y TV. Tras unas pruebas muy duras de acceso, pagando sólo un seguro escolar, que me permitía aprender la profesión y hacer prácticas de producción, realización y operaciones en el segundo plató más grande de España. Es lo que equivale hoy a ser Técnico de grado superior.

¿Cómo fueron sus primeros trabajos?

Cada final de curso hacíamos cortometrajes. Mi primer contacto profesional fue en 1985 en el Centro Territorial de Madrid, donde trabajé como guionista. Después estuve de becario en Euronews, aprendiendo a manejar el sistema de satélites y conexiones.

Pero realmente empecé ejerciendo el oficio en el diario matinal “Buenos Días”, que dirigía José Antonio Martínez Soler. Hacía puro directo. Teníamos que saltar tejados para ir colocando antenas que permitiesen llevar la señal, ya que entonces no llegaba a todos sitios la que transmitía el Pirulí por su ubicación en una hondonada.

Cuéntenos sus primeros acontecimientos cubiertos como productor.

El primer suceso trágico de repercusión que cubrí fue el coche bomba de ETA en la Plaza de la República Dominicana de Madrid, cuando pasaba un convoy de la Guardia Civil. Juan Luis del Castillo López, un magnífico productor amigo mío, estaba en la zona y me llamó para cubrir enseguida la noticia. Cuando llegué con el equipo de cámara lo que vi fue muy duro. Fue mi primer pero no último contacto con la muerte.


Vi todos los restos esparcidos antes de que pudieran llegar los equipos forenses. Fue una masacre absoluta. Murieron muchos. [Silencio] Fue tremendo…un gran impacto para mí…

¿Cómo cubrió el asesinato de Ricardo Sáenz de Ynestrillas?

El atentado ocurrió a la altura de Virgen del Puerto, cerca de su casa. Él iba en su coche oficial. Entonces yo aún no tenía contrato fijo en Telediario. Aún me daban de lado. Tuve que insistir mucho para que me dieran una cámara y fui con un equipo de cámara y un conductor. El mérito fue que conseguimos cubrir la noticia en sólo veinte minutos, con todo el atasco que había en la M-30 y que se emitieran en el TD-1 con Ángeles Caso.

Y salgo en las imágenes peleándome con la policía. “¡Déjennos, que estamos en directo!”. Recuerdo que dificultaban mucho la labor. Me peleé con ellos para obtener imágenes en muchas ocasiones. Fue una pequeña hazaña a partir de la cual me empezaron a mirar de otra forma.

¿Cómo se enteró tan rápido del suceso?

Contábamos con teletipos de varias agencias, e incluso había gente que llamaba a los medios cuando algo pasaba, algún vecino…

¿Cómo se desarrolló después su trabajo?

Me afiancé de tal manera que en 1986 empecé a viajar al extranjero. Era mi primer año de contrato en TVE. En octubre hice mi primer viaje de los cuatro que hice a Filipinas. Por entonces había pocos productores dispuestos y que supieran hablar inglés. Yo sí sabía y eso me ayudó.

Hasta aquí la Parte I de la entrevista a Santiago. Próximamente en La Telaraña, la segunda parte nos desvelará sus experiencias en el norte de África, donde trabajó con el que fuera corresponsal de guerra, Arturo Pérez-Reverte. También revelaremos cómo cubrió los sucesos de Riaño junto a Imanol Arias, así como su ascenso a productor de los telediarios en TVE. En esta época, Santiago viviría uno de los momentos más tensos de su vida, cuando fue enviado a Pekín para cubrir las protestas de la Plaza de Tiana’anmen, trágico suceso que se saldó con la muerte de cientos de civiles.

 

Una mirada al pasado, LIFE (años 30-50)


Os invito a visitar esta hermosa galería fotográfica de Life, revista que ha sido enclave histórico del fotoperiodismo a nivel mundial.

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