‘Stranger Things’: Should I Stay or Should I Go


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Netflix va una década por delante de las sesiones semanales y de los ratings de audiencia. Estrena las series en la red y del tirón, para que tú mismo te las tragues cuando quieras. Ha sabido encontrar la frescura y el yaloveré que demanda el público joven, de target cada vez más amplio y de cierta agenda. Lo hace además arriesgando, pues aún con precios irrisorios (10€/mes), en España lo que tira es lo gratis. Esa revolucionaria forma de ofrecer todo el contenido en un solo click exige hacer campañas muy potentes y efímeras de fechas de estreno, con múltiples incógnitas, estéticas pop y copiosa inversión digital. Con la serie ‘Stranger Things’ lo han hecho a lo bestia, al punto de no pillar de qué va el asunto cuando ves letras rojas, pósters a lo Star Wars y hashtags por todas partes. Tanto misterio da hambre, así que toca comerse el primer capítulo.

Tras los iniciales minutos se aprecia escaso rastro de pilotos como los de ‘Twink Peaks’, ‘A dos metros bajo tierra’ o la reciente ‘Boardwalk Empire’, a salvedad de presentar una atmósfera absorbente y un rollito de suburbio que llama la atención. De pronto alguien recita Should I Stay or Should I Go en un transistor. Lo canta Joe Strummer en 1983 a través de un cassette al que rinden culto los hijos de Joyce Byers (Winona Ryder), una mujer de mediana edad con problemas de ansiedad y de bolsillo. Vive en el pueblo arquetípico americano, con cafés restaurantes, sheriffs, porches y toda la vaina estadounidense, hecho que sumado a ciertos clichés policíacos y de instituto dificultan comprender a priori el tirón de la serie. Sin embargo, el nervio interpretativo de la inmensa actriz de ‘Bitelchús’, ese temazo de The Clash convertido en leitmotiv, el mal rollo general y el McGuffin de la desaparición de Will, el hijo pequeño de Joyce, obligan a ponerse el segundo episodio. Y el tercero. Y el cuarto…

winona-ryderA partir de entonces uno se hace presa de la intriga, de la minimalista banda sonora y de los lúgubres escenarios del pueblo en el que se contradicen sus habitantes a modo de historias cruzadas. El ¿Quién mató a Laura Palmer? es ahora ¿Quién ha secuestrado a mi hijo? en medio de una trama extraterrestre -bajo el paraguas de la Guerra Fría- que no termina de averiguarse y hasta mete miedo por momentos. Ese mismo terror, alimentado por la imaginación infantil con los monstruos, se suma al hastío que transmiten personajes hoscos como Jonathan, hermano mayor de Will, un tal Charlie Healton con aires de Daryl (‘The Walking Dead’) y reminiscencias de ese mundillo de extrarradio que han resucitado directores como Jeremy Saunier (´Blue Ruin’), Noah Hawley (‘Fargo’) o Jean-Marc Vallée (‘Dallas Buyers Club’). El chaval, amante de la fotografía y de la música punk, alucina con las idas de olla de su madre cuando esta llena el salón de lucecitas de Navidad, temblando de pánico por las visiones que sufre y gritando al vacío por encontrar a su retoño. La presencia de esta actriz es de alabar y de agradecer. Da la impresión de que no le han tratado recientemente bien en Hollywood y es un ejemplo más de la creciente confianza de las productoras en intérpretes de caché para dar nombre y prestigio a sus series, con sus aciertos y errores.

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Todos los personajes se pringan en la búsqueda de Will mientras sus tres amigos tratan de resolver el misterio por su cuenta. De la noche a la mañana cambian los dados de Dragones y Mazmorras por las bicicletas, dan cobijo a una niña de aspecto andrógino y superpoderes, se juegan el pellejo. La inteligencia de estos pequeños es atroz y divertida, pues deben usar sus conocimientos frikis para encontrar pistas (cualquier fan de Tolkien y Star Wars les dará la bienvenida). Así, a medida que pasan los ocho capítulos, uno va hilando cables y el cerebro va rescatando los clásicos a los que recuerda la serie: ‘Los Goonies’, ‘E.T.’, ‘Cuenta conmigo’, ‘La noche de Halloween’, ‘Carrie’, ‘La guerra de los mundos’, ‘Alien’, ‘Poltergeist’, videojuegos como ‘Silent Hill: The Room’… incluso los créditos de apertura recuerdan a ‘Manhattan Sur’, de Michael Cimino.

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En suma, ‘Stranger Things’ es un ejemplo más de la tendencia de la industria a hacer caja con la nostalgia, al pulp remakero del panorama actual pero haciendo del guion un salvavidas y con un estilo más original y metafílmico que los vacuos remakes de hoy en día, un casting selecto y debutante, una historia intrigante -sin rodeos- y un respeto al espectador rechazador de lo previsible y no necesariamente devorador de series como el que escribe estas líneas.

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Don de la ebriedad: Claudio Rodríguez


(…) Podrían reemplazarme
desde allí, desde el cielo a la redonda,
hasta dejarme muerto a fuerza de almas,
a fuerza de mayores vidas que otras
con la preponderancia de su fuego
extinguiéndolas: tal a la paloma
lo retráctil del águila. Misterio.

(…) Como avena
que se siembra a voleo y que no importa
que caiga aquí o allí si cae en tierra,
va el contenido ardor del pensamiento
filtrándose en las cosas, entreabriéndolas,
para dejar su resplandor y luego
darle una nueva claridad en ellas.

Don de la ebriedad (1953)

Puedes leer más poemas de Claudio Rodríguez en A Media voz y en su página oficial.

Poema: El Madrid de las rondas


El Madrid de las rondas

Fotografía de Alfonso Sánchez Portela (1933)

Hay un Madrid que no tiene ni flores, ni fuentes, ni frondas.
Un Madrid paria y viudo. Sus acacias orondas
y sus olmos son muy pobre limosna para sus vías mondas.
¡Oh, Madrid de las rondas!

Madrid de los gasómetros redondos, cual grandes tambores.
Madrid de las esbeltas humeantes chimeneas.
Madrid de los obreros denegridos y trabajadores
y de las hembras feas.

Madrid de los alegres lavaderos. La carnal materia
se hacina en vergonzosos absurdos falansterios.
Madrid compendio de desdicha y hambre. Haz de la miseria
y de los cementerios.

Oh, Manzanares, al que motejaba de arroyo aprendiz
 el buen Francisco Gómez de Quevedo y Villegas.
 Ruin y estéril complemento del grato goyesco tapiz
 que ni bañas ni riegas.

– Mauricio Bacarisse

Nanas de ciencia ficción


El acceso al mercado editorial por parte de escritores que no tienen quien les haga valerse frente a los que en las editoriales eligen qué apuestan por publicar y qué no es un mundo lejano y casi inaccesible, de manera parecida al castillo del relato de Franz Kafka.

Son muchos los escritores que aburridos de ser ignorados por los departamentos de selección de las grandes editoriales publican su obra en internet, o con un esfuerzo inversor propio o teniendo suerte mediante el crowdfunding, logran sacar su libro en papel. Algunos de ellos, quizá los mejores, preceden estos libros de prólogos propios en los que casi se disculpan por tener que autoeditarse.

Para ayudar a toda la gente que tiene una obra escrita pero no logra ayuda para que llegue a las librerías, unos autores, dignos de alabanza por su valentía, se han embarcado en un proyecto editorial que pretende ayudar a sacar de la anonimia muchos de los textos que andan ahora metidos en cajones y carpetas, de los que más de uno y de dos seguramente sean dignos de llegar a los lectores.

No acaba la cosa ahí y Nanas Ediciones Clandestinas, que anda en proceso de constitución como asociación cultural, también invita a creadores gráficos a presentarles sus trabajos.

Como muestra de su hacer nos han enviado una selección de poemas de un poemario que gira alrededor de la que puede convertirse en la enfermedad más popular del siglo XXI. Se trata de la depresión para la que en España se dispensan varios millones de envases de medicamentos al año. Os dejamos un poema en el que tratan de abordar esta fatal incidencia del ánimo que, como ya digo, aqueja a mucha gente en todo el mundo.

Portada del primer volumen de Nanas de ciencia ficción.

Portada del primer volumen de Nanas de ciencia ficción.


DESARMANDO A UN PESIMISTA

Acto primero
-Persistencia. Tengas 30, 50 u 80. Persistencia. Intentarlo, intentarlo y no dejar de intentarlo.
-¿Con 80? ¿Qué crees que vivimos 200 años?
-No, creo que hasta el mismo momento en el que sobrevenga la muerte, tienes tiempo para conseguir lo que quieres. Hasta el último puto segundo de tu existencia.

Acto segundo
-Pero es que ya lo he intentado.
-¿Ah si? ¿Qué edad tienes? – 32
-¿Cuánto te queda de vida? ¿20? ¿30? ¿60 años? Entonces, ¿Por qué no tienes tiempo?
¿Acaso tienes algo mejor que hacer en esta vida que tratar de conseguir un sueño?

El autor de este poema es Alex Bayorti

El poema elegido forma parte de un poemario publicado hace pocas semanas que lleva por nombre “Nanas de ciencia ficción” y cuyos autores son el mismo del poema editado en esta entrada y David de Dorian. El próximo mes se publicará la segunda parte de la que forman parte como autores, aparte de los ya citados, otros 3 poetas.

Podéis conocer más cosas de este proyecto en los siguientes enlaces:

http://nanasdecienciaficcion.wordpress.com/

http://www.nanascienciaficcion.es/

“Susurros”, una exposición de Quiveu


Si alguno de vosotros se encuentra en Sevilla o estará por esa ciudad española los próximos días quizá encuentre tiempo para acercarse a la fundación María Fulmen a disfrutar de una exposición de collages digitalizados realizada por una artista llamada Quiveu.

Con ideas que empezaban de manera distinta a la que acababan e inspirándose en la mujer como nexo que une todas las piezas Quiveau realiza sus collages mediante una tableta electrónica y usando cualquier otro material para ello, con un gusto especial por los que denotan el paso del tiempo: los tonos dorados, oxidados, los colores y estampados de épocas pasadas.

Os dejamos un cartel que os servirá de muestra de lo que en esta exposición podréis encontrar:

Cartel susurros Quiveu

Caprichos warholianos: ‘The Velvet Underground and Nico’ (1966)


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Quien haya observado detenidamente -o de un vistazo- alguna obra de Andy Warhol, probablemente compartirá conmigo una impresión a priori plúmbea, oportunista, ociosa y reiterativa. No hablo solo de las latas de sopa ni de la sonrisa de Marilyn, sino de ese cine de corte experimental que se atrevió a rodar sin atisbos de pautas, escuela o respeto a la duración. Un “cine” que de un modo caprichoso pretendió unirse a la corriente de nuevos modos fílmicos en los años sesenta como la nouvelle vague francesa, el free cinema inglés o la Nova Vlná checoslovaca. Escuelas cuyos autores compartían una fuerte atracción por la fotografía, por personajes rocambolescos, exigentes, inquietos; y por unos guiones cuánto menos revolucionarios en cuanto estructura y diálogo se refiere. En las filmotecas nombres en negrita como Oldrich Lipsky (‘Happy End’, 1967), Lindsay Anderson (‘If…’, 1968), Tony Richardson (‘La soledad del corredor de fondo’, 1962), Louis Malle (‘Le feu follet’, 1963) … o el tan recurrido Godard (‘Una mujer es una mujer’, 1961). Estos modos subieron como un géiser por un deseo innovador de hacer cine sobre el que Truffaut ya escribió en 1954 en Cahiers du Cinema, en un artículo donde defendía el rodaje en exteriores, la espontaneidad de las actuaciones y la implicación del director como autor absoluto de la obra. Si bien el público no hizo taquillazos de tales experimentos, en diversos lugares de Europa la crítica sí lo recibió con una polémica constructiva que hasta hoy ha permitido la impresión de numerosos libros y estudios sobre esa década que peleó contra el académico Hollywood y que continuaron cineastas como Víctor Erice, Abbas Kiarostami, Jim Jarmusch, José Luis Guerín…

Ese cine de arte y ensayo en cierto punto mimó la mirada de la crítica exigente y la distrajo de las creaciones plásticas que en los años sesenta nutrían las galerías de Estados Unidos y Europa. ¿Por qué un tipo tan afamado y reconocido como Andy Warhol querría pringrarse si no por un arte tan paralelo a la pintura? Abran YouTube y tecleen “Andy Warhol movie”. Tras varios cortometrajes probablemente comprueben que el peliblanco no conocía muchos límites ni respeto a los estándares mencionados arriba. Tampoco una apuesta por la fotografía y por el montaje como sus loables coetáneos. Un ejemplo totalmente atroz son las ocho horas de ‘Empire’ (1964), rodadas en su totalidad con un plano fijo del Empire State Building desde una terraza ubicada a dieciséis manzanas de distancia. También en el rodaje implícito de una felación o en las más de cinco horas de filmación de un hombre durmiendo… Para bien o para mal, a Warhol le gustaba el asunto de repetir y cansar.

No obstante cabe rescatar un cortometraje que, a pesar de ser un arma de propaganda de su marca y de estar rodado con zooms desquiciantes, desenfoques, fundidos a negro y mucho, mucho párkinson, constituye un documento sin duda atractivo de contemplar a poco tiempo de la muerte de Lou Reed. Quizás si al músico le hubieran propuesto rodar esto en los noventa se lo habría pensado un par de veces. Pero para el año que data la cinta (1966), Reed era toda una máquina de la experimentación aún bajo el sello The Velvet Underground. En el documental podemos verle encadenando acordes y riffs en compañía de su banda, ensayando en un local pagado por Warhol ese sonido tan extraño para la época que hoy algunos clasifican como protopunk y otros como un prematuro indie rock. También es interesante observar el trabajo de fotografía de Paul Morrissey a modo de esquema previo a su extraña filmografía, entre la que cabe destacar la italiana ‘Sangre para Drácula’.

Una warholada bien vale un homenaje al animal del rock. Descanse en paz Lewis Allen Reed.

Presentación del libro de Mª del Mar Mir Romero: “Paseando por tu Sonrisa”


Este jueves 7 de noviembre se presenta en La Carbonería de Sevilla el libro “Paseando por tu sonrisa”, de la poetisa Mª del Mar Mir Romero.

Leyendo y releyendo sus páginas me he emocionado por la ternura de algunos pasajes y me ha parecido oler el aroma de un café o de los olivares andaluces pese a estar encerrado en las tripas de un tren de media distancia durante la lectura.

La poesía de Mª del Mar es llana, cercana, remite al paisaje, a la gente y sus emociones, al ensueño que nos envuelve de pronto a veces entre los aromas del bar al que entramos a desayunar por la mañana temprano.

Desde aquí deseamos suerte a la aventura que inicia este libro y os dejamos un poema:

Tira y afloja

Y dicen que la vida es un continuo devenir de cosas,
dicen que a veces subes y otras bajas,
que cuidado con poner los pies sobre la tierra
y no salir disparado hacia el cielo, mirando las musarañas.

Si te sale un día perfecto, Don Perfecto es tu nombre,
pero al pasar las horas, el día termina y amanece un nuevo
día.

Hoy será un día de optimismo o de pesimismo,
de espumas o de carga,

-¿Cómo quiere su día? -te dice el camarero.
Te quedas embobada, te sorprende lo que
te ha dicho, -Perdone ¿Me puede repetir
la pregunta? -¿Cómo quiere su café?

Cartel promo Paseando por tu sonrisa 2 (2)

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